
La ausencia de referencias visuales sobre sí
mismo y su vivencia egocéntrica de la realidad obstaculizan la creación de un
“yo”
La acción del maestro itinerante y del PT en los centros educativos
Las implicaciones que tiene la deficiencia visual en el desarrollo de la
persona, y las necesidades que de ella se derivan, hacen que la atención
educativa a los alumnos ciegos y con baja visión requiera de la participación,
junto al maestro de aula, de dos tipos de maestros de apoyo: el PT del centro
donde está escolarizado y el maestro itinerante del equipo específico.
Factores y agentes de inclusión educativa
INTERNOS
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El maestro de aula.
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Las adaptaciones curriculares:
los alumnos ciegos y deficientes visuales precisarán fundamentalmente
adaptaciones de acceso al currículo*.
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Los compañeros.
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El centro escolar: sobre la base
de un proyecto global de centro colectivamente asumido, cabe destacar el
papel que juegan los maestros de pedagogía terapéutica (PT) en este proceso.
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EXTERNOS
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El equipo específico de
discapacidad visual: siempre en coordinación con los equipos de orientación
de zona. Dentro del mismo se ha de destacar el papel del maestro itinerante,
cuya acción se desempeña principalmente dentro de los centros educativos.
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La familia.
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* Estas adaptaciones de acceso al
currículo han de ir reforzadas con la participación del alumno ciego o con baja
visión en determinados programas específicos, entre otros: Lectoescritura
Braille, Autonomía Personal y Tiflotecnología; hay que destacar la necesidad de
conocer los medios que le van a dar acceso a las TIC.
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La incorporación de las niñas y de los niños ciegos y con baja visión en el
sistema educativo ordinario es hoy una realidad. Esto se debe fundamentalmente a
que en general las experiencias desarrolladas en España desde principios de los
años 80 han resultado satisfactorias en muchos de los casos. A este logro de su
inclusión educativa contribuyen los diferentes agentes que participan en la
comunidad educativa, tanto desde dentro como desde fuera de la propia escuela.
Por supuesto, gracias en primer lugar al compromiso y el esfuerzo de los
maestros de aula. El modelo para la inclusión educativa de los alumnos ciegos y
con baja visión se apoya en la constitución de equipos específicos, en los que,
junto a la Administración, siempre ha participado la ONCE mediante convenios o
acuerdos. En estos equipos intervienen, bien formando parte de ellos o como
complemento necesario a los mismos, profesionales especializados: oftalmólogos,
ópticos, psicólogos, técnicos de rehabilitación o instructores de
tiflotecnología, que forman parte de los servicios con que cuenta la ONCE para
la atención de las personas ciegas y con baja visión y que en el caso de los
destinados a los alumnos se articulan desde sus centros de recursos educativos
(CRE). Todos los equipos específicos de atención educativa a alumnos ciegos y
con baja visión cuentan con maestros de apoyo “itinerantes”. Se trata de
maestros de pedagogía terapéutica (PT) especializados en deficiencia visual, que
son aportados, en función de los acuerdos ya mencionados, por las distintas
administraciones autonómicas y por la ONCE. Ningún otro equipo específico cuenta
con esta figura. Los maestros de apoyo itinerantes son sin duda la pieza clave
del apoyo externo a la inclusión educativa de estos alumnos en las escuelas
infantiles, colegios e institutos. Esta denominación; aunque es la más usada
para nombrar a los maestros que forman parte de estos equipos específicos, puede
mover a cierta confusión en tanto que sólo hace referencia al hecho de
desarrollar su labor en distintos centros educativos, acudiendo a dos o tres
cada día, con una frecuencia por centro que variará en función de las
necesidades que desde el punto de vista del déficit visual presenta el alumno y
los criterios de la administración correspondiente. Entre las razones que
justifican la presencia de los maestros de apoyo “itinerantes” en los centros
escolares cabe destacar las siguientes:
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Se ha de tener en cuenta que la población con ceguera y con baja
visión es relativamente pequeña en comparación con la prevalencia de otras
discapacidades. En el momento del nacimiento se estima un índice de 1 por cada
3.000 nacidos vivos. Sin embargo, resulta difícil su descripción al formar un
grupo muy heterogéneo, con amplias variaciones en cuanto al tipo, gravedad y
etiología específica, observándose además diferencias significativas en el
desarrollo funcional visual: mientras que algunos niños llegan a aprender
fundamentalmente a través de la vista, consiguiendo leer con los ojos, pueden
tener dificultades en los desplazamientos; otros aunque pueden desenvolverse en
el espacio y utilizar su resto visual para moverse, deben utilizar el oído y el
tacto para los aprendizajes. Por último, unos pocos carecen de visión útil tanto
para fines de movilidad como educativos. Todo lo anterior, junto con el momento
de aparición del déficit y su evolución, influye en el desarrollo global del
niño y requiere tratamientos psicopedagógicos distintos.
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Aunque las adaptaciones curriculares que van a precisar en la escuela los
alumnos con deficiencia visual van a ser fundamentalmente de acceso al mismo, no
se puede olvidar que es a través del canal visual por el que recibimos más del
80% de la información del mundo que nos rodea. Esto ocurre muchas veces de forma
involuntaria; sin embargo, en el caso de la persona ciega será preciso que sean
otros quienes pongan, de forma intencional, los objetos del mundo en sus manos o
le describan y le muestren representaciones de lo que acontece a su alrededor.
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También se ha de tener en cuenta que son múltiples los programas
específicos y las herramientas que ha de utilizar un alumno ciego o con baja
visión: lupas, magnificadores de pantalla, revisores de pantalla braille y
sonoros. Por tanto, las adaptaciones de acceso al currículo han de ir reforzadas
con la participación del alumno ciego o con baja visión en determinados
programas específicos: lectoescritura braille, estimulación visual,
rehabilitación integral (orientación y movilidad, y habilidades de la vida
diaria); y manejo de dispositivos tiflológicos (hardware y software) específicos
que le permitan el acceso a la tecnología de la información y la comunicación
(TIC). Todos ellos se han de aprender preferentemente en el contexto natural del
niño, por lo que se requiere que pueda ser instruido dentro del contexto
escolar.
De todo lo expuesto hasta aquí resulta evidente que los maestros de aula, aún
contando con el apoyo puntual de los maestros de apoyo “itinerantes” de los
equipos específicos, no podrían satisfacer las múltiples necesidades que puede
presentar un alumno con deficiencia visual a lo largo de su escolarización, por
lo que junto a ambos se requerirá la intervención de los maestros de apoyo a la
inclusión educativa con que cuentan los centros, cuando en ellos se escolarizan
alumnos con necesidades educativas especiales (en este caso alumnos ciegos y con
baja visión). Estos maestros, especializados en pedagogía terapéutica, son
habitualmente conocidos en los centros como PT y así los denominaremos en
adelante. Así pues, ambos maestros de apoyo, itinerantes y PT, intervendrán de
forma coordinada con los maestros de aula y con el propio alumno que presenta
deficiencia visual.
Es necesario ahora, antes de concretar el papel de ambos tipos de maestros de
apoyo, poner de relieve algunas de las implicaciones que la ceguera, y también
de alguna manera la baja visión imponen a estos alumnos, especialmente cuando
acontece desde el nacimiento o las primeras edades:
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Hay que tener en cuenta que la entrada de información les va a llegar
principalmente por vía auditiva y táctil. Por tanto, la percepción resultará
limitada y fragmentada; hay una falta de perspectiva global y no se tiene la
riqueza y pluralidad que de la realidad nos ofrece la visión.
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La ausencia de referencias visuales sobre sí mismo y su vivencia
egocéntrica de la realidad obstaculizan la creación de un “yo” independiente,
pudiendo refugiarse en fantasías y observándose en algunos casos una tendencia a
la rigidez de actuación y pensamiento.
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En el caso de los niños ciegos existe especial dificultad en el
reconocimiento de los objetos y su localización espacial, así como en la
relación que guardan entre sí por su ubicación.
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También encuentran obstáculos para observar situaciones alejadas de sí e
imitar los gestos y acciones de los demás.
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Se puede observar una tendencia al verbalismo: utilización del lenguaje en
exceso para dominar un entorno al que no puede acceder. Hablar de lo que no se
conoce por referencia real, utilizando el marco lingüístico de vidente.
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En el caso de las personas ciegas, sus manos no sólo son el órgano de
prensión, sino también de conocimiento. Esta nueva función, percepción háptica
(tacto en movimiento), necesita entrenamiento para su desarrollo.
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En la realización de las tareas encontramos una mayor lentitud tanto a la
hora de recoger información como de sintetizar lo trabajado.
De todo lo anterior se derivan una serie de necesidades educativas específicas
que deberán ser solventadas en el marco de la escuela. Dentro de este contexto,
como hemos señalado más arriba, el maestro del aula es la pieza clave en el
proceso de inclusión educativa. En ese mismo ámbito suele encontrarse el PT, que
atiende a todos los alumnos que presentan necesidades educativas especiales y
que, además del apoyo prestado a dichos alumnos, también asesora y ayuda al
maestro de aula en su labor docente con ellos.
Centrándonos un poco más en las funciones del PT del centro educativo donde
están escolarizados alumnos con deficiencia visual, hay que decir que éstas son
similares a la que realiza con los demás alumnos que presentan necesidades
educativas especiales, así como con sus maestros de aula. Además, como en este
caso las adaptaciones curriculares van a ser fundamentalmente de acceso, deberá
tener conocimiento entre otras cosas de los medios que el alumno concreto allí
escolarizado ha de utilizar: sea el sistema braille, una lupa-TV, un revisor de
pantalla sonoro… Para lo que contará con el asesoramiento de maestro itinerante
del equipo específico.
De lo anterior se deduce que el PT del centro unas veces reforzará los
aprendizajes específicos que ha de dominar el alumno para su desenvolvimiento,
otras hará de mediador del alumno con el entorno en determinadas circunstancias
y siempre facilitará tanto la labor del maestro del aula para que pueda adecuar
su enseñanza a la comprensión del alumno, como ofrecerá recursos al alumno para
que pueda entender mejor la explicación de su maestro.
No se trata pues de que el PT del centro sea un especialista en alumnos con
deficiencia visual, para eso ya está el maestro de apoyo itinerante, pero sí ha
de formarse en aquellos aspectos que van a facilitar la inclusión del alumno
concreto allí escolarizado. En este sentido es necesario destacar la importancia
de que tanto el PT como el maestro de aula reciban una formación inicial y
permanente en aspectos evolutivos y educativos de lo que implica la ceguera y la
baja visión, así como tener conocimiento de las prestaciones y servicios
específicos complementarios que la ONCE puede prestar a su labor educativa desde
sus CRE.
Es necesario ahora, dado que en el modelo de atención educativa a los alumnos
ciegos y con baja visión se cuenta con la presencia en la escuela de los
maestros itinerantes de los equipos específicos de atención a alumnos con
deficiencia visual, siendo esta una figura singular con la que no cuentan los
otros equipos específicos de atención a otras deficiencias, señalar de manera
concreta cuáles son sus principales actuaciones en cuanto al apoyo a la
inclusión educativa de estos alumnos. Seguiremos para ello lo expresado por J.
L. Coiduras (2008) en la figura 1.

Fuente: J. L. Coiduras (2008). Revista Integración ONCE
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Asesoramiento a los maestros: fundamentalmente en aspectos didácticos,
ante la situación peculiar que supone la atención de este alumno dentro del
grupo. El maestro itinerante, por tanto, debe adaptar sus intervenciones a las
características y demandas de la situación educativa concreta del alumno/a,
maestros que intervienen con él y centro a donde acude. Será necesario también
realizar algunas adaptaciones de acceso concretas en las diferentes materias del
currículo escolar obligatorio, a fin de que los alumnos con ceguera y baja
visión puedan alcanzar las competencias previstas en las mismas. Sin embargo, no
será posible resolver directamente cada una de las necesidades particulares de
un alumno, pero sí promover cambios en el hacer de los equipos docentes de forma
que estos puedan encontrar las mejores respuestas.
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Intervención directa con el alumno: se concreta en la enseñanza de
las técnicas específicas que capacitan al alumno con deficiencia visual ante el
currículo y desarrollan su autonomía general: lectura y escritura braille, uso y
entrenamiento de las ayudas ópticas, estimulación visual, el uso de hardware y
de software específico (tiflotecnología) y el desarrollo de habilidades
personales para la autonomía personal. La especificidad de las tecnologías
relacionadas con la discapacidad visual y su importancia como contenido merecen
una mención especial. Es necesario impulsar la alfabetización digital en los
alumnos atendidos y evitar nuevas formas de exclusión. La adquisición de
competencia en este terreno va ligada necesariamente al uso y a la resolución
diaria de las dificultades, junto al alumno, para poder avanzar en el
aprendizaje y el uso de un hardware y software específico, situación a veces más
próxima a los docentes de la propia escuela que al maestro itinerante.
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Elaboración y adaptación de materiales: es muy importante que el
maestro itinerante pueda hacer provisión de los medios que permitan al alumno el
acceso al currículo, así como al docente el poder disponer de materiales para
representar la realidad y para la enseñanza. Sin embargo, la experiencia nos
dice que aún siendo esto importante, no debe olvidarse la contribución y la
mediación entre iguales en el aprendizaje. En este campo se echa en falta
bibliografía e investigación para la determinación de criterios de funcionalidad
en la adaptación no solamente de los materiales, sino también de las situaciones
y dinámicas educativas dentro del aula. En la medida de lo posible se debe
considerar el hacer útiles las adaptaciones a los demás alumnos.
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Comunicación con la familia: su fin es informar sobre la evolución
del alumno a los padres, así como proporcionales la posibilidad de ser
escuchados en sus dudas y preocupaciones. Es necesario distinguir los roles de
los diferentes maestros: tutor, PT del centro y maestro de apoyo itinerante. Los
dos primeros tienen su papel bien definido dentro del contexto escolar, el
tercero añadirá los aspectos específicos de la deficiencia visual para hacer
posible la comprensión de las necesidades, proponiendo las ayudas posibles para
satisfacerlas. Por tanto es muy importante que las reuniones con la familia
dentro del contexto educativo se preparen conjuntamente.
Para concluir, se ha de destacar el hecho de que gracias al quehacer conjunto de
los diferentes elementos personales que intervienen en la escuela, sobre todo
maestras y maestros, es posible afirmar que los beneficios de la inclusión
educativa de los alumnos ciegos y con baja visión no se ha experimentado
exclusivamente en este grupo concreto de alumnos, sino también en sus compañeros
y en la cultura de los centros. Esto no impide reconocer la necesidad de
continuar buscando la mejora en la intervención, pudiendo dar así cada vez una
mejor respuesta a las necesidades y demandas que suponen la inclusión.
PARA SABER MÁS
-
Alberti, M. y Romero, L. (2010). Alumnado con discapacidad visual.
Barcelona: Grao
-
Coiduras, J. (2008). “Competencias y necesidades formativas del maestro
de apoyo a la inclusión de los alumnos con discapacidad visual: una
aproximación desde la voz de los profesionales”. Revista Integración, 25-36.
Madrid: ONCE.
-
Martín, P. (2010). Alumnos con Deficiencia Visual: necesidades y
respuesta educativa. En: Desafíos de la diferencia en la escuela. Madrid:
Edelvives.
http://www2.escuelascatolicas.es/pedagogico/Documents/Discapacidad%20
Visual%205.pdf
-
Santos, C. (Ed.) (2013). La discapacidad visual. Implicaciones en el
desarrollo. El reto de la inclusión educativa. Madrid: Sanz y Torres.
-
ONCE. Circular 20/2006: Normativa Reguladora de los Servicios Educativos
de la ONCE y Funcionamiento de los Centros de Recursos Educativos
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Pablo Martín Andrade
| Pedagogo. Maestro de apoyo itinerante de
la ONCE. Maestro de apoyo dentro del EOEP Específico de Deficiencias Visuales de
Madrid
pablomartinandrade@gmail.com
DOI: pym.i365.y2016.002
in PADRES Y MAESTROS | nº 365 | marzo 2016
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