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 Sobre a Deficiência Visual

El Cuidador de Niños con Deficiencias Visuales

Psicologo Escolar
 


 

   índice

  1. La Labor del Cuidador dentro de los Programas de Integración Escolar.
  2. El Cuidador como Elemento Favorecedor de la Comunicación entre el Niño Normal y el Niño Integrado.
  3. Características básicas del Niño Ciego y Ambliope.
  4. Problemas que plantea la Escolarización de los Niños Ciegos y Ambliopes.
  5. Creación de Hábitos de Alimentación e Higiene en Niños con Deficiencias Visuales.
  6. El Cuidador en el Aula de Niños con Deficiencias Visuales.
  7. El Papel del Cuidador en las Actividades de Ocio y Tiempo Libre
  8. El Cuidador como Dinamizador de Juegos y Actividades
  9. Juegos y Actividades para Realizar con los Niños
  10. Cómo Estimular el Juego.
  11. Creación de Hábitos.
  12. Técnicas para Conseguir los Hábitos de Alimentación e Higiene (1)
  13. Técnicas para Conseguir los Hábitos de Alimentación e Higiene (2)
  14. El Cuidador como medio para la Consecución de Independencia en la Locomoción, Alimentación e Higiene
  15. La Independencia de Movimientos y Desplazamientos del Niño Ciego.
  16. La Orientación del Niño en la Búsqueda de Estrategias que Favorezcan su mayor Independencia
  17. Bibliografía Utilizada
 

1. LA LABOR DEL CUIDADOR DENTRO DE LOS PROGRAMAS DE INTEGRACIÓN ESCOLAR.

Aunque ya la Constitución habla de que “los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos…”, y la Ley de Integración Social de los Minusválidos (1982) señala que “el minusválido se integrará en el sistema educativo ordinario de la educación general”, es el Real Decreto de Ordenación de la Educación Especial (1985) el que establece como principio la escolarización de los alumnos disminuidos o inadaptados en centros ordinarios.

Con la Integración se pretende hacer la vida de los niños con deficiencias lo más normal posible, con vistas a su futura integración en la sociedad. La integración también significa que la escuela debe proporcionar a este alumno diminuido, los apoyos y ayudas que necesite para progresar en su educación, sin necesidad de darles una educación separada. Pero cuando la gravedad, características o circunstancias de las deficiencias requieran ayudas y apoyos que la escuela ordinaria no pueda prestar al niño, entonces éste se escolarizará en las aulas de Educación Especial (en los mismos centros ordinarios, aunque en aulas para niños con deficiencias), o en Centros Específicos de Educación Especial.

Tenemos, por lo tanto, que existirían distintos niveles de integración:

  1. Aula Ordinaria: Alumnos con alguna discapacidad que se integran a tiempo completo sin necesidad de asistencia específica.
  2. Aula Ordinaria: Alumnos con alguna discapacidad que se integran a tiempo completo; el profesor ordinario necesita apoyo y asistencia ocasional.
  3. Aula Ordinaria: Alumnos con alguna discapacidad que se integran en el aula pero necesitan apoyos y materiales específicos.
  4. Aula Ordinaria: Alumnos con alguna discapacidad que se integran en el aula pero necesitan recursos y ayuda permanente del profesor de apoyo.
  5. Aula Ordinaria y aula de apoyo (o de Educación Especial): alumnos con alguna deficiencia que se integran en el aula ordinaria y pasan un tiempo en el aula de apoyo.
  6. Aula Ordinaria y aula de apoyo: alumnos con alguna deficiencia que pasan la mitad del tiempo en cada aula.
  7. Aula de apoyo en un centro ordinario de educación: alumnos con alguna deficiencia que pasan todo el tiempo en este aula a cargo del profesor de apoyo.
  8. Centro de Educación Especial: para alumnos que por su deficiencia no pueden ser ubicados en la escuela ordinaria.

Como principio general, se establece que se debe mantener a cada niño en el nivel más integrado posible y sólo se le cambiará a un nivel de integración inferior cuando se prevea que esta decisión pudiera resultarle beneficiosa. Dentro de los programas de integración, la labor del cuidador es la de facilitar dicha integración escolar, ayudando así a la futura integración social. Esta facilitación supone, entre otras cosas, lo siguiente:

≡ En primer lugar, y como paso previo, el cuidador debe estar no sólo de acuerdo sino también ilusionado con la filosofía de la integración.

≡ Debe estar dispuesto a modificar actitudes y hábitos para entrar en una dinámica de reflexión sobre la práctica diaria del trabajo, tendente a su mejora.

≡ Debe colaborar de una manera activa en la labor de Equipo que todo programa de integración supone.

≡ De acuerdo con el principio de que todo niño debe ser escolarizado en el mayor nivel de integración posible, sus cuidados deben tener como finalidad el desarrollar al máximo la actividad, la independencia y la autonomía, tanto en la locomoción como en los hábitos de autocuidado.

≡ Debe estar atento a la hora de defender los derechos igualitarios que los niños integrados tienen con respecto a sus compañeros, cuando tales derechos no sean tenidos en cuenta y el niño, por determinada circunstancia, sea incapaz de llevar a cabo esa defensa; (defender, si eso no implica sobreprotección, que al final se volvería en contra del propio objetivo de integración).

≡ Debe facilitar la comunicación entre el niño normal y el integrado.


2.  EL CUIDADOR COMO ELEMENTO FAVORECEDOR DE LA COMUNICACIÓN ENTRE EL NIÑO NORMAL Y EL NIÑO INTEGRADO.

Antes que nada queremos resaltar la importancia que la comunicación niño normal/niño integrado puede tener par el éxito de la integración. Por un lado, una situación de incomunicación, aunque exista presencia física, podría producir más perjuicios para el niño integrado que su permanencia en un aula o Centro Específico de Educación Especial. Por otro lado, es a través de la comunicación como el niño integrado va a “aprender” a integrarse adecuadamente; es a través de esas situaciones como el niño tendrá que medir sus fuerzas, aprende a controlar sus impulsos agresivos, desarrollar su propia imagen sexual, adquirir competencias y vías de percepción del mundo, etc.

Un proyecto de integración supone tener previsto un programa de estimulación de la comunicación entre los niños. Un programa de este tipo abarcaría varios pasos, como sería: conocer el nivel de comunicación entre los niños, definir unos objetivos a alcanzar, llevar a cabo determinadas actividades que permitan alcanzar los objetivos, etc. Lógicamente, el cuidador tendrá el deber de colaborar, dentro de su actividad profesional, con este programa. Repasaremos algunas de las actitudes y acciones con las que el cuidador podrá facilitar la comunicación entre el niño normal y el integrado:

◊ En algunas ocasiones, a los niños les puede ayudar el ofrecerles información sobre determinado aspecto de la deficiencia, o sobre cómo relacionarse con los niños con deficiencias. Hay que enseñar también a los niños cómo ayudar mejor a sus compañeros necesitados: por ejemplo, cómo llevar una silla de ruedas, conocer los gestos o lenguaje simbólico de los niños sordos, etc.

◊ El cuidador también posibilitará una comunicación más auténtica si evita la sobreprotección, la compasión y, por supuesto, el rechazo por parte de los demás compañeros.

◊ El cuidador tendrá a veces que realizar una labor de enlace de la comunicación: por ejemplo, cuando los compañeros no entiendan determinado mensaje de un niño afectado de parálisis cerebral, o cuando “traduce” el lenguaje de signos del niño con deficiencia auditiva. Aunque “integrarse” significa prescindir de muchas de estas ayudas y evitar la sobreprotección, el cuidador – como cualquier educador -, tiene que intentar hacer accesible, comprensible, el ambiente externo, al sujeto, al educando.

◊ Igualmente, el cuidador debe propiciar el contacto físico, como condición necesaria para que se produzca la comunicación. Eso podría suponer, por ejemplo, en una salida la exterior del centro, llevar al niño en silla de ruedas con el grupo de compañeros, y no al final de todos ellos; es decir, habría que “arreglar” las situaciones para que permitan el contacto y la comunicación. Estas ayudas suelen ser necesarias más bien al principio de la integración, y, posteriormente, cuando los niños ganen en confianza, se podrán eliminar poco a poco.

◊ También será necesario ignorar las situaciones de incomunicación y aislamiento cuando se produzcan (no serviría de nada, por ejemplo, poner mala cara, reñir o forzar), pero, de la misma manera, habrá que premiar con la atención y el elogio a los niños en aquellas situaciones en que compartan juegos, se relacionen o se comuniquen, es decir, debemos saber utilizar el principio de que las consecuencias agradables de cualquier conducta hace que éstas se repitan en otras ocasiones.

◊ Por último, no debe olvidarse que las actitudes y las posturas de comprensión recíprocas, cooperación y comunicación, se transmiten a los niños, en gran medida, por los modelos de conducta que los adultos ofrecen a éstos. Por ello, una actitud abierta, comprensiva y comunicativa del cuidador con todos los niños, lo convertirá en un modelo educativo adecuado para facilitar la comunicación.


3. CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DEL NIÑO CIEGO Y AMBLIOPE

La Organización Mundial de la Salud considera ciego a quien no puede tener con ninguno de sus dos ojos, - ni siquiera con lentes correctamente graduadas, la agudeza visual de 1/10 en la escala de Wecker o quien no supera un ángulo de visión de 30 grados.

Se denominan ambliopes a los que conservan algún resto visual que puede ser aprovechable en muchas situaciones de aprendizaje.

Así, se puede establecer la siguiente clasificación de dificultades visuales:

  1. Ciegos totales o prácticamente totales: Son los que sufren de una ausencia total de visión o solo tienen una simple percepción de la luz.
  2. Ciegos parciales: Sujetos que tienen restos visuales que les permiten la orientación de la luz y la percepción de bultos y contornos.
  3. Ambliopes profundos: Sujetos que mantienen un resto visual que les permite ver objetos a pocos centímetros. Deben aprender también a defenderse con el tacto.
  4. Ambliopes propiamente dichos: Son los que, utilizando lentes o aparatos especiales, les es posible un aprendizaje prácticamente normal.

A la hora de referirnos a las características básicas de los niños ciegos y ambliopes, hemos de tener en cuenta un gran número de circunstancias que hace que no todos los niños presenten esas características. Así, no es lo mismo ser ciego de nacimiento que quedarse ciego a una edad posterior; sugrir -o no- una enfermedad asociada a la ceguera; tener residuo visual o no tenerlo; también la actitud que la familia tenga ante el niño con deficiencia visual (sobreprotección, abandono, etc.) influirá en las características que este presente. Por todo ello, nunca podremos afirmar que determinadas características se presenten en todos o casi todos los niños ciegos y ambliopes; a lo sumo, se podría decir que, con frecuencia, se observan las siguientes características:

  • Retraso en el terreno psicomotor ( la marcha se adquiere tardíamente, sufren de anomalías en la coordinación y equilibrio, pueden presentar tics, movimientos estereotipados y balanceos, etc.), aunque ese retraso se supera con la edad.
  • El lenguaje, que se estanca durante el segundo año, también se normaliza posteriormente. Otro problema en este área es el Verbalismo (utilización de palabras sin comprender su significado).
  • Los ciegos no tiene una agudeza sensorial mayor, como pudiera creerse (por ejemplo, oído más fino), sino que están más entrenados a usarlo; lo mismo puede decirse de la memoria.
  • Tienen dificultades para adquirir conceptos abstractos. Así, por ejemplo, los llamados "conceptos básicos" (algunos, muchos, alrededor, el más lejano, etc.)
  • En general presentan cierto retraso escolar y bajo nivel de conocimientos, lo cual no deja de ser lógico, ya que no pueden recurrir a la extraordinaria fuente de información que es la visión.
  • También manifiestan, por lo general, dificultades de adaptación personal (sentimientos de inseguridad, inferioridad, infantilismo) y social (aislamiento, dificultades para la relación social, etc.), dependiendo tales dificultades del trato que reciban del entorno social (hogar, escuela, comunidad).


4. PROBLEMAS QUE PLANTEA LA ESCOLARIZACIÓN DEL NIÑO CIEGO Y AMBLIOPE

Los principales problemas que puede plantear la escolarización de los niños deficientes visuales son los siguientes:

A - En el aprendizaje escolar, el alumno ciego tiene que utilizar medios distintos a los empleados por sus compañeros videntes: libros en sistema Braille, textos ampliados, lupas, etc., cuyo aprendizaje y manejo producen un ritmo de trabajo más lento, que puede situar al niño, si no se tiene en cuenta, en desventaja con respecto al resto de compañeros. Deberán, por lo tanto, estimularse las actitudes de cooperación entre los niños, mejor que las de competencia.

B - Otro aspecto que debe tenerse presente es que en la educación del niño ciego y ambliope, juegan un papel importantísimo las llamadas "materias funcionales", es decir, la orientación, la movilidad y los hábitos de la vida diaria. La escuela y, en el supuesto que nos ocupa, el Cuidador, deberán tener esto en cuenta, y programar y ejecutar las actividades pertinentes para el desarrollo de esta área tan importante.

C - Las condiciones materiales normales de los centros ordinarios pueden suponer también un problema para la adecuada escolarización del niño ciego y ambliope. Por ello, habrá que tener en cuenta lo siguiente:

  1. Un factor importante es la necesidad de una buena iluminación. También hay que evitar las situaciones a contraluz, por ejemplo, cuando la fuente de luz está situada a espaldas del profesor.
  2. Para alumnos ambliopes, generalmente es más adecuada una pizarra blanca.
  3. No deben dejarse las puertas entreabiertas, siendo mejor que permanezcan siempre abiertas o siempre cerradas.
  4. Hay que mantener durante el periodo de adaptación del niño al centro, una colocación idéntica de sillas, mesas y muebles, para ayudarle a conocer su entorno, explicándole verbalmente y acompañándole a reconocer los cambios que se vayan efectuando sobre la marcha.
  5. La escuela deberá también proporcionar equipos especiales, por ejemplo, una máquina de escribir Braille o un "Termoform" (para multicopiar textos en Braille), así como materiales educativos adaptados (para lectoescritura, matemáticas, sociales, etc.), que permitan la utilización prioritaria de los sentidos del oído y del tacto por el niño.

D - Otro problema es el riesgo de accidentes o daño físico, que en el caso del niño ciego escolarizado es mayor que el que corren los demás niños, aunque también es verdad que el propio desarrollo del niño ciego le proporciona un mayor sentido de autoprotección, por lo que el riesgo de accidentes disminuye. Además la experiencia parece demostrar que, cuando en la clase se consigue una relación normal entre todos los niños, los compañeros del niño ciego son sus mejores protectores.

E - Igualmente suelen presentarse situaciones problemáticas en los recreos, ya que en éstos los niños salen a correr, jugar a la pelota, etc., juegos en los que predomina el movimiento y en los que difícilmente puede participar el invidente. Se deberá, por tanto, realizar una adecuada orientación de los juegos, para que el niño ciego no quede aislado, buscando su participación en los mismos y contando con la colaboración de los otros alumnos. Por ejemplo, se va a jugar a correr alrededor del patio; el niño ciego toca el hombro de uno de sus compañeros y, juntos, realizan la acción propuesta clon absoluta normalidad. O se juega a la comba, y el niño ciego puede sujetar la cuerda; poco a poco podrá animarse a saltar como los demás.


5. CREACIÓN DE HÁBITOS DE ALIMENTACIÓN E HIGIENE EN EL NIÑO CIEGO Y AMBLIOPE

La higiene, la comida y el vestido tienen una gran importancia en la educación del niño ciego. Estas actividades se aprenden, en el caso del niño vidente, por imitación. Pero como la imitación queda muy reducida en el caso del niño ciego y ambliope, es preciso tratarlas de manera más directa, indicando al niño cómo deben realizarse, y proporcionándole las técnicas más adecuadas para que consiga dominarlas de manera natural.

Todas estas actividades se aprenden, fundamentalmente, en la casa, por lo que se debe hacer descubrir a los padres la necesidad de estimular la independencia del niño. A éste le gustará, al principio, comer con los dedos, y se debe tolerar, incluso ponerle el alimento en las manos y que se lo lleve a la boca. Pero no se le debería tolerar durante mucho tiempo. Para empezar, el niño debería sostener una cuchara mientras come con la otra mano. Le puede ayudar tener una cuchara con el mango almohadillado, y el palto ha de ser pesado y con un reborde alto. Es necesario enseñar al niño de una manera directa a manejar los cubiertos en la mesa, colocándole la mano en la cuchar, ayudarle para que aprenda a manejar juntamente el cuchillo y el tenedor al cortar la carne o el pescado, facilitarle las cosas para que sea capaz de servirse el agua por sí mismo… Como siempre, resultarán importantes la paciencia y la comprensión.

En cuanto al aseo (lavado de manos, cepillado de dientes, etc.), hay que proceder poco a poco y paso a paso, procurando que el niño no confunda las tareas. Al principio conviene llevar las manos del niño entre las del adulto para lavarse, por ejemplo. Hay que poco a poco el niño acabará realizando estas atareas solo por lo rutinario de las mismas, pero no se debe desistir porque al principio sean difíciles o se cometan errores.

Por lo que respecta al vestido, conviene ir iniciándole progresivamente. Se debe comenzar por dejarle quitarse la ropa él solo; este es un buen momento para la exploración por parte del niño de las diferentes prendas, a la vez que se le describe y se le enseña sus nombres), para después ir enseñándole, poco a poco, a ponérselas, yendo siempre de los más simple a lo más difícil de ejecutar.

En ocasiones, y a medida que el alumno se va haciendo mayor, desea ir bien vestido, saber si lo que lleva puesto está a la moda o si la forma y colores de su ropa son los más adecuados y forman una combinación armoniosa. Es, por tanto, necesario hablar de colores, pues aunque el ciego no tenga conocimiento de los mismos, sí llega a comprender de alguna manera aquéllos que forman un juego adecuado y son normales, para pedirlos a la hora de comprarse la ropa que debe llevar.

Hacia la mitad del segundo año ya conviene sentar al niño en el orinal para que empiece a aprender a controlar sus esfínteres. Al principio esta tarea se llevará a cabo en periodos de tiempo cortos y se deberá ser paciente con el niño. Ser capaz de estar sentado en el orinal supone que al menos ese hito del desarrollo motor se ha conseguido; igualmente, el niño debe saber dónde está el baño, cuál es el sitio para realizar las funciones de evacuación… Se le debe permitir explorar el baño, a la vez que se le indica el nombre de los elementos que lo componen. Hay que premiar el hecho de hacer pis o caca en el sitio adecuado. Y conviene recordar que, por lo general, es más fácil controlar la caca que el pis.


6. EL CUIDADOR EN EL AULA DE NIÑOS CON DEFICIENCIA VISUAL

Antes que nada conviene referirse a la ayuda que el Cuidador puede prestar al niño ciego y ambliope en las entradas y salidas del aula.

Si en el caso de algunas otras deficiencias hemos hablado de la necesidad de tal ayuda (por ejemplo, deficiencias motrices), en el caso del niño ciego y ambliope se debe evitar que éste acabe dependiendo de la ayuda del cuidador para desplazarse, explorar el entorno, etc. Por el contrario, es necesario apoyar los deseos del niño para bastarse a sí mismo y ser independiente de los demás en las actividades ordinarias del aula.

Como regla general, el Cuidador debe estimular al niño a pedir ayuda cuando lo necesite, y o debe prestársela antes de preguntarle si le agradaría recibirla. El papel del Cuidador, en este sentido, debe reducirse a la vigilancia “desde lejos”, y sólo intervendrá en circunstancias extraordinarias por las que sea requerido, durante la clase, por el Profesor o cuando el Profesor tenga que ausentarse del aula.

Será conveniente tener en cuenta lo siguiente:

  • Al ingresar el niño en el centro, deberá familiarizarse, entre otras dependencias, con el aula. El Cuidador podrá intervenir en esta familiarización. Se le deberá mostrar la clase acompañándole y explicándole los lugares, espacios, objetos y muebles que existen. Explicarle también la colocación del material de uso común, para que pueda tener un grado mayor de autonomía y acuda a buscarlo cuando lo precise.
  • Para ayudarle a localizar objetos, será necesario hacerlo proporcionándole pistas no visuales; por ejemplo: “lo tienes a tu derecha”. Cuando haya que descubrir dónde está colocado un objeto sobre una superficie plana, sobre una mesa, por ejemplo, se deberán utilizar las direcciones del reloj; “la goma está en las dos del reloj”.
  • Al acercarse al lado del niño deberá realizar una presentación verbal, indicándole quién es: “Hola…, soy…”, “Mira…, está con nosotros…, es el niño que el otro día…” (darle pistas de reconocimiento).
  • Cuando se quiera que se acerque a un lugar determinado, se le deberá llamar por su nombre, dándole una pista auditiva del lugar al que debe dirigirse, marcándole la dirección verbalmente e indicándole correctamente, a través de conceptos espaciales, los correspondientes pasos que debe dar y los obstáculos que le rodean; por ejemplo: “Ven…, acércate, estoy aquí, junto a la ventana, a tu izquierda, puedes venir hacia mí, no hay nada por medio”.
  • No será necesario prestarle una atención especial que genere celos por parte de sus compañeros. Tampoco deben aceptarse unos niveles diferentes de conducta para estos niños, quienes deberán mantener en orden su propio área de trabajo, y, cuando dominen la manera de desplazarse por la escuela, puede exigírseles que realicen recados con tanta frecuencia como los demás niños. Si desarrollan determinados hábitos negativos, hay que recordarles (amablemente) que deben observar una conducta más apropiada.


7. EL PAPEL DEL CUIDADOR EN LAS ACTIVIDADES DE OCIO Y TIEMPO LIBRE

Tiempo libre es el espacio de tiempo exento de toda forma de preocupación u ocupación necesaria. Ocio es la ocupación de ese tiempo libre; abarca cualquier actividad libremente elegida y sin fines utilitarios o productivos.

El tiempo libre y el ocio son situaciones óptimas para que a persona discapacitada avance en su proceso de socialización. Son muchas las actitudes, destrezas, técnicas, conductas, conocimientos, etc., que pueden adquirirse y perfeccionarse durante el tiempo libre llenado por el ocio, entre ellas:

1- Creatividad, mediante el establecimiento de ocios creativos que estimulen esta cualidad.

2- Normalidad, cuyo desarrollo ha de inspirarse en el "principio de normalización", que no significa convertir a estas personas en normales (según criterio estadístico), sino hacer sus vidas tan normales y humanas como sea posible; esto es, aceptándolos como son y propiciando el desenvolvimiento de sus posibilidades al máximo, considerándoles como persona y como tales ayudarle a que desarrollen su propia personalidad.

3- Independencia: El ocio lo forman las actividades libremente elegidas y ejecutadas. El minusválido tiende generalmente a la pasividad y dependencia. Esta es, aunque se juzgue paradójico, la razón fundamental por la que ha de insistirse en que a través del ocio disponga de situaciones que favorezcan el desarrollo y ejercicio de su independencia, cualidad, junto con la libertad, imprescindible en el desarrollo de la personalidad.

4- Aceptación, en doble sentido; el primero, orientado a que se acepte a sí mismo como tal es, posea su propio autoconcepto ajustado a la realidad, evitando que adquiera aspiraciones mayores que sus posibilidades. El segundo requiere que sea aceptado por los demás tal como es y no con relación a la norma.

El papel de Cuidador en las actividades de ocio y tiempo libre es esencial y presenta las siguientes características:

  1. El Cuidador deberá atender todos los aspectos propios del cuidado del alumno con minusvalía que ya conocemos (limpieza y aseo, comidas etc.), aunque, lógicamente, dicha atención se va a producir en un contexto diferente al habitual.
  2. También colaborarán con el Profesor en la vigilancia de los niños durante las actividades de ocio y tiempo libre. Como ya se ha mencionado el Convenio Laboral recoge que en la vigilancia de los recreos, etc., serán responsables los profesores.
  3. Como conocedor de los niños en un gran número de situaciones. la participación del Cuidador será muy importante en la programación de las actividades en el tiempo libre.
  4. El Cuidador procurará que cualquier actividad, instalación, contexto social, etc., se adecue a las posibilidades físicas y psíquicas del niño con deficiencias.
  5. El Cuidador deberá plantear las actividades de manera que ofrezca al niño con eficiencias la posibilidad de elegir aquellas prácticas, destrezas, actividades, etc., que mejor se ajusten a sus aspiraciones, habilidades y gustos; igualmente integrará en la programación de dichas actividades las iniciativas que el niño aporte.
  6. Pero, por otra parte, tendrá que realizar un papel semidirectivo (aunque el ocio por sí mismo signifique actividad libre), pues privar al niño de dicha ayuda significaría dejarle inerme y en desigualdad ante un marco social que supera su capacidad, debido a las limitaciones inherentes a su deficiencia. Las actividades dirigidas deberán alternarse con las espontáneas, si bien al principio predominarán las primeras, por falta de hábitos autónomos, o por exceso de inhibiciones impuestas anteriormente.
  7. Mediante las actividades de ocio y tiempo libre, el Cuidador procurará contrarrestar la tendencia a la pasividad y falta de iniciativa del niño con deficiencias psíquicas, la inquietud incontrolada o inhibición del inadaptado y las dificultades de comunicación e interacción de los niños con deficiencias físicas y sensoriales.


8. EL CUIDADOR COMO DINAMIZADOR DE JUEGOS Y ACTIVIDADES

El juego presenta amplias posibilidades educativas para todos los niños, sea cual sea su grado de normalidad. Favorece el desarrollo de la motricidad y de la percepción sensorial, el desarrollo de las facultades intelectuales, la adquisición e hábitos y normas de comportamiento y la adquisición de habilidades. También permite que el niño exprese sus sentimientos: agresividad, angustia, amor, temor, etc.

Existen tres categorías definidas de juegos: juego en solitario, juego en paralelo y juego en colaboración. Los niños, a lo largo de diferentes edades, se dedicarán a los tres niveles de juego durante un periodo de su vida. Con todo, deberá señalarse que el niño, mientras más inmaduro es, más se da al juego en solitario, en tanto que el niño más evolucionado es capaz de entrar en sus juegos en el nivel de la colaboración.

El juego en solitario significa aquel estadio del juego en que el niño juega independientemente de los demás niños. Juega él solo, con juguetes y equipos de juego, sin tener en cuenta lo que, en aquel momento particular, practican otros niños.

El juego en paralelo es aquel estadio de los juegos durante el que el niño juega junto a otros niños, utilizando juguetes y equipos similares, si bien no intenta jugar con los demás.

El juego en colaboración constituye el estadio más evolucionado de los tres. Es aquel estadio del desarrollo durante el cual el niño, en sus juegos, intercambia ideas con los demás niños. Los niños que juegan en colaboración se encaminan hacia un objetivo común. Cada niño tiene un papel que desempeñar.

Los niños con deficiencias mentales varían considerablemente en lo que respecta al interés de sus juegos y a los esparcimientos de su predilección. Un niño con deficiencias mentales susceptible de ser guiado sabe, a lo mejor, montar en bicicleta de dos ruedas a los seis años, cosa que lo equipara a un niño normal de la misma edad. En cambio habrá muchos niños con deficiencias, de diez y doce años, situados en el mismo estadio y que, no obstante, no saben montar en bicicleta de dos ruedas. Prácticamente es imposible describir características específicas aplicables a todos los niños retrasados. Pero señalaremos, no obstante, algunas de las diferencias más corrientes entre los niños retrasados y los niños de tipo medio:

  • Ritmo lento de desarrollo.
  • Ausencia de iniciativa en sus juegos.
  • Falta de imaginación en el juego.
  • El interés que siente por sus juegos no se prolonga mucho tiempo.
  • Excesiva repetición en sus juegos.
  • Incapacidad de sacar provecho de la experiencia.

Examinando estas dificultades, queda clara la necesidad de apoyo que el niño con deficiencia mental necesita en el juego. El Cuidador, como profesional que está tan cerca del niño, puede ser una de las personas más indicadas para dinamizar los juegos y actividades extraescolares de los niños con deficiencias, junto a los demás profesionales del equipo educativo.


9. Juegos y actividades para realizar con los niños

Diferenciaremos distintos tipos de juegos y pondremos algunos ejemplos de juegos y actividades que pueden practicarse con el niño.

1 - Juego exploratorio:
El juego exploratorio del niño se alimenta de la variedad de sus experiencias. Se puede, pues, estimular el juego exploratorio del niño llenando su mundo de objetos y acontecimientos diferentes:

- Mirar móviles, objetos colgantes, juguetes atados a una cuerda, juegos de bolas, etc.
- Producir ruidos; olores y sabores diferentes, etc.
- Juegos con agua, arena, etc.
- Esconder objetos para que el niño los encuentre
- Juegos de escondite.

2 - Juego vigoroso:
Nos referimos a las actividades que requieren mucha energía: trepar, saltar, jugar a la pelota, etc.:

- "Lucha libre"
- A caballo
- "A que no me coges"
- Trepar, subir y bajar escaleras, brincar, saltar al suelo, saltar obstáculos, saltar a la cuerda, patines de ruedas, chutar, lanzamiento, etc.

3 - Juegos de habilidad:
Se trata de actividades que requieren la utilización hábil y controlada de manos y ojos:

- Juegos de martillar, palillos de tambor, juegos de argollas, ensartar, enhebrar, construcción con cubos, dibujo, pintar con los dedos, recortar, doblar papel...


4 - Juego social:
Llamamos juego social lo que el niño hace cuando juega con otros: columpio, soka-tira, carretilla de mano, pelota voladora, juegos de pelota, carreras de tres piernas, dominó, dardos, juegos de persecución, carreras, juegos de salto, tejo...

5 - Juego de imaginación:
En los juegos de imaginación, el niño pone algo de su propia cosecha. Imagina y se figura algo que no hay: jugar a mamá, a las muñecas, títeres, disfraces, juegos de simulación, teatro y mímica, escenificar un cuento, teatro de títeres...

6 - Juego de ingenio:
Se refiere a la resolución de problemas: juegos de emparejamiento (dominó de colores, dominó ilustrado, juego de las familias, bingo ilustrado, parejas...), juegos de clasificación (de imágenes, color, forma...), etc.


10. CÓMO ESTIMULAR EL JUEGO

A continuación se exponen algunas ideas para estimular el juego:

Ф La naturaleza del juego cambia a medida que el niño aprende cosas nuevas. Es, pues, muy importante seleccionar las actividades más adecuadas al nivel de desarrollo del niño. De lo contrario, no sacará de ellas ningún placer ni provecho. Así que, antes de comenzar una actividad es importante averiguar cuál es el nivel alcanzado por el niño en ese tipo de juegos.

Ф Siempre es posible estimular el desarrollo del juego del niño, pero, para ello, hay que tener mucha paciencia. El niño con deficiencias debe proceder paso a paso. Recordemos siempre que incluso juguetes que a nosotros nos parecen muy semejantes, suelen tener diversos niveles de dificultad para cada niño.

Ф La mejor manera de estimular al niño es ponerse a su nivel y jugar con sus juguetes. Cuanto más a gusto nos sintamos mejor. Si el niño nos ve disfrutar del juego, le entrarán ganas de jugar a él también.

Ф No esperemos que el niño se concentre en el mismo juego por mucho tiempo. Si le estamos enseñando uno nuevo, juguémoslo pocos minutos cada vez y dejémoslo antes de que se aburra. Así volverá a querer jugar con él mas adelante.

Ф Algunos niños se obsesionan con un juguete o con un juego y no hay modo de persuadirlos a que jueguen con otra cosa. Evitemos la impaciencia y tratemos de introducir, gradualmente, pequeñas variaciones.

Ф Cuando el niño juegue, satisfecho, entregado a juegos de carácter constructivo, dejémoslo sólo y a sus anchas. Como norma general, lo que podemos hacer en estos casos es demostrar interés en sus juegos exteriorizándolo con nuestra forma de reaccionar más que tomando parte activa en los mismos.

Ф En cuanto a los materiales de juego, los niños con deficiencias necesitan juguetes que correspondan a su desarrollo intelectual real o posibilidades físicas. Hay que elegir los juguetes en función de la deficiencia. Los niños con deficiencias motrices necesitan especial atención en aquellos juguetes que los estimulan y facilitan la realización y coordinación de movimientos. Los niños con deficiencias psíquicas, juego sencillos con pocos accesorios, de fácil comprensión y manipulación, agradables a los sentidos y seguros, que favorezcan la adquisición de nociones sensoriomotrices. Los niños con problemas de relación necesitan juegos abiertos a la afectividad y a la iniciativa.


11. CREACIÓN DE HÁBITOS

Entendemos por hábitos un conjunto de habilidades complicadas que permiten la adaptación del niño al medio.

Existen muchas clases de hábitos; así podemos hablar de hábitos de autonomía personal y social, hábitos emocionales, hábitos motores, hábitos de estudio, etc. En este terreno nos referiremos a los hábitos de autonomía, cuya creación es muy importante para el desarrollo del niño, pues le permitirán disfrutar de independencia respecto a las demás persona y le incrementaran la seguridad y confianza en sí mismos.

El Cuidador no solo ha de cuidar al niño sino que también debe proporcionarle la enseñanza y los medios por los que el niño consiga finalmente cuidarse de sí mismo en el grado que le permitan sus propias posibilidades.

A la hora de crear un hábito, es fundamental conocer si el niño está preparado para aprenderlo; hay que tener en cuenta que, conforme un niño crece y se desarrolla, algunas habilidades preceden naturalmente a otras. Por ejemplo, el sentarse es previo al andar; abrocharse el abrigo es más fácil que atarse los cordones de los zapatos; no podríamos enseñar a comer sólo a un niño que no atiende a lo que le decimos, por lo que tendríamos antes que habituarle a atender y a seguir nuestras instrucciones.

También habrá que tener en cuenta que, debido a que los niños con deficiencias tienen una gran experiencia de fracaso, habrá que encontrar incentivos extras para conseguir que intenten hacer lo que se les pide; necesitaremos, en una palabra, recompensas. Una recompensa es cualquier cosa que le divierte o le gustaría tener a un niño. La importancia y efectividad de una recompensa al crear un hábito reside en que se ha comprobado que las conductas a las que sigue una recompensa tienen mayor probabilidad de ocurrir en el futuro.

Existen tres tipos de recompensa que han demostrado ser las mas efectivas:

  1. La alabanza y la atención, que se pueden prestar de varias formas: alabanza jovial, sonrisas, abrazos, cogerlo en brazos, "muy bien", hacerle cosquillas, etc.
  2. Las golosinas favoritas: por ejemplo, un caramelo, rocitos de galleta o de chocolate, helado, zumo, patatas fritas, etc., dependiendo de los gustos del niño.
  3. Las actividades favoritas del niño: botar una pelota, hacer un puzzle, salir de paseo, ver la TV, etc.

El uso de recompensas obliga a tomar importantes precauciones para que resulten efectivas. Algunas de ellas son:

  • Las recompensas se deben dar inmediatamente después de la conducta que queremos fortalecer.
  • Hay que asegurarse de que las recompensas sean verdaderamente recompensantes, es decir, que verdaderamente el niño las querrá de verdad.
  • Debemos aprender a no prestar atención a determinadas conductas negativas o no colaboradoras del niño.
  • Hay que recordar que el éxito es una recompensa, por lo que cuando algún paso de la tarea sea muy difícil, lo debemos descomponer en pasos todavía más pequeños, y volver a un paso anterior que sea un poco más fácil (en el siguiente capitulo se explicará la división en pasos) Cada vez se debe empezar con un paso ya dominado, para avanzar luego a un paso nuevo; igualmente, el niño debe acabar, cada vez que intenta la tarea. con un éxito.
  • Debemos ir prescindiendo de ciertas recompensas: conforme el niño va dominando una habilidad, deberemos eliminar la recompensa extra, como la comida y ciertas actividades, pues la alabanza y la propia satisfacción del niño serán suficientes para mantener su realización.


12. Técnicas para conseguir los hábitos de alimentación e higiene (1)

Una técnica muy importante a la hora de enseñar una habilidad es dividir ésta en pequeños pasos. Por ejemplo, en la acción de abrocharse hay cuatro pasos básicos:

  • Mantener el ojal abierto
  • Insertar el botón.
  • Coger el botó para hacerlo pasar por el ojal.
  • Tirar del borde del ojal de la camisa para que termine de pasar el botón.

Las instrucciones deben darse al niño con voz clara y firme, sin emplear palabras innecesarias ni palabras difíciles que lo puedan confundir

También suele dar resultado hacer que los materiales d enseñanza sean más fáciles de manejar; así siguiendo con el ejemplo de los bastones, el niño tendrá éxito más pronto si se agrandara un poco el ojal o si se le hace practicar antes con un abrigo, ya que éste tiene los ojales y botones bastante más grandes que los de la camisa.

Otras formas de hacerle al niño la tarea más fácil son:

1 - El Modelamiento: Se trata de mostrarle lo que se pretende que haga el niño. "Haz esto...", al mismo tiempo que abrimos el grifo, pinchamos la carne con el tenedor o movemos el cepillo de dientes arriba y abajo. No modelaremos la habilidad entera porque ello sería demasiado para que lo recordara; es mejor modelar cada paso antes de decirle que lo haga.

2 - Guía o ayuda física, que puede ser necesaria no sólo para ayudar mejor al niño a que entienda lo que queremos que haga, sino también para ayudar a los vacilantes brazos, piernas, manos y dedos a que hagan los movimientos correctos. Posteriormente habrá que prestar manos ayuda cada vez, hasta hacerla desaparecer por completo.

3 - Encadenamiento hacia atrás: El mejor medio para garantizar el éxito es el empezar el entrenamiento de la tarea tan cerca como sea posible de su final.


13. Técnicas para conseguir los hábitos de alimentación e higiene (2)

Recordamos que entre las formas de hacerle al niño la tarea más fácil (el modelamiento y la guía o ayuda física) la más efectiva era la del Encadenamiento hacia atrás, en la que se empieza el entrenamiento de la tarea tan cerca como sea posible de su final.

Por ejemplo, el lavarse las manos, como cualquier otra habilidad, se puede descomponer, con toda seguridad, en muchos pasos pequeños y manejables, pero con fines ilustrativos los vamos a descomponer solamente en cuatro, que son:

1 - Abrir el grifo del agua.
2 - Enjabonarse las manos
3 - Enjuagarse las manos
4 - Cerrar el grifo del agua.

Nosotros realizaremos los pasos 1, 2 y 3 en lugar de él, o sea, abriremos el grifo, le enjabonaremos y le enjuagaremos las manos. Deberemos incluso ayudarle también a coger el grifo para que él solo tenga que cerrar el paso del agua y completar por sí solo la tarea de forma rápida y fácil. Luego retrocederemos en la secuencia de enseñanza, exigiéndole que cada vez vaya haciendo una parte un poco mayor de la tarea. Con cada nueva sesión se consigue un poco, aunque sea un poco muy pequeño, de novedad y, en consecuencia, se va consiguiendo cada vez una mayor cantidad de lo que ya va siendo archiconocido.

Queremos también referirnos a la comprobación que debemos hacer de los programas que ejecutemos para enseñar habilidades, fundamentalmente para verificar si el niño va aprendiendo con regularidad o, por el contrario, se ha estancado; en este último caso tal vez habría que cambiar de recompensa, o prestarle más ayuda, o quizá encontrar un paso un poquito más facil

Si no se puede mantener un registro de los progresos del niño como el incluimos a continuación, al menos conviene pararse a pensar, una vez a la semana, cómo está funcionando el niño en la tarea que le estamos intentando enseñar.


14. El Cuidador como medio para la consecución de independencia en la locomoción, alimentación e higiene

Ya nos hemos referido anteriormente a que la función del cuidador va mas allá de la mera atención a los niños en sus necesidades básicas. Los cuidados que este profesional proporciona se dan en un contexto educativo que tiene como principal objetivo el desarrollo integral de la personalidad del educando y de todas sus potencialidades. Y la autonomía e independencia personales resultan objetivos básicos y fundamentales dentro de esta escala de valores educativos.

Cuando el Cuidador está creando hábitos de autocuidado en los niños está haciendo que en un futuro no muy lejano éstos sean independientes de los cuidados de otras personas; serán por tanto más libres y mas felices.

Dentro de las técnicas para crear hábitos que vimos en temas anteriores, existen algunas de ellas que resultarán básicas para la consecución de una plena independencia en el autocuidado. Nos referimos a la eliminación gradual de las ayudas y las recompensas.

Cuando intentamos instaurar determinadas conductas, tenemos que utilizar numerosas ayudas:

  • Instrucciones ("Hazlo de esta manera"...)
  • Señales (como cuando decimos "Buenos días" a un niño para que caiga en la cuenta de que él también debe decirlo, o como cuando colocamos una pegatina en una percha para que se de cuenta donde tiene que colocar su abrigo,...)
  • Ayuda Física (guiándole de la mano...), etc.

Pero tan importante (y en ocasiones más difícil) como ofrecer dichas ayudas es eliminarlas; esto debe de hacerse de una manera gradual, ya que si se quitan demasiado pronto o de golpe, la conducta puede que no se vuelva a producir.

Lo mismo ocurre con las recompensas: al principio hay que darlas de una forma continua, cada vez que se produce la conducta, y posteriormente solo de vez en cuando, para, finalmente, eliminarlas, para que solo por el elogio y, sobre todo, por la propia satisfacción, esa conducta se mantenga.

Igualmente, en el encadenamiento hacia atrás se empieza recompensando un pequeño paso (el último eslabón de la cadena) para acabar reforzando solo el final de la cadena, cuando se han completado todos los pasos; es decir, cada vez se exige más trabajo para obtener la recompensa.

Otros aspectos de gran importancia en el desarrollo de la independencia tienen que ver también con las actitudes que el cuidador y otros miembros del equipo educativo adoptan para con el niño.

Así, las actitudes de sobreprotección, lástima, compasión, etc., que a primera vista pueden incluso resultar positivas (se trata de "ayudar al necesitado"), corren el peligro de convertirse en incapacitantes para el niño. Por un lado, la sobreprotección le impide ejercitarse, probar, arriesgarse, por lo que le impide la posibilidad de tener éxito y de desarrollarse a través de éste. Por otro, las actitudes de compasión, etc., resultan ser un espejo donde el niño se mira y le hace verse como disminuido, diferente, discapacitado, etc., por lo que su autoconfianza no puede salir del todo bien parada.

Por último, queremos también valorar los esfuerzo que el cuidador realiza por la integración del niño con deficiencias en su grupo de iguales, como fundamentales para el proceso de independencia del niño. En la relación con los demás niños podrá el niño con deficiencias aprender, ensayar y disfrutar de su independencia. Tendrá no solo la oportunidad de aprender por imitación la independencia y autonomía personales, sino también la posibilidad de medir sus fuerzas y, lo que es más importante, de consolidar sus avances en el ejercicio diario de salir airoso de las situaciones difíciles.


15. La independencia de movimientos y desplazamientos del niño ciego.

La independencia de movimientos y desplazamientos del niño ciego es un objetivo de gran importancia en la educación de éste. asi, a nivel de integración social es imprescindible la correcta utilización del espacio, el dominio de sus movimientos, la soltura y la seguridad en sus desplazamientos. Además, conocer el espacio que le rodea y utilizarlo con confianza afianzaran su personalidad y su seguridad interior.


La movilidad en el niño depende de tres factores, fundamentalmente:

1- Del sistema empleado para desplazarse:

Ф En solitario: En este sistema y al objeto de detectar irregularidades en el suelo: agujeros, baches, bordillos..., y para prevenir tropiezos con estos objetos, es importante la ayuda del bastón. El alumno invidente suele caminar solo sin la ayuda del bastón, aunque existen especialistas que aconsejan su uso, incluso por los más pequeños, y para ello se han fabricado bastones adecuados de peso, tamaño, estética...

Ф Con perro guía: Este sistema es poco empleado en nuestro país, principalmente porque es preciso acudir al extranjero para poder disponer de un perro adiestrado convenientemente. Por otra parte, el ciego prefiere moverse con mayor autonomía y sin los inconvenientes que el perro puede presentar al tener que tomar vehículos, entrar en establecimientos, etc.

Ф Con guía vidente: Ya es muy raro ver el lazarillo clásico que acompañaba al invidente. Es cierto que en muchas ocasiones se ve a un ciego caminar con una persona vidente, pero ésta es su amigo, un familiar..., y no un mero lazarillo.

En la rehabilitación de adultos se utilizan numerosas técnicas para adiestrarle en estos sistemas de desplazamiento y en la realización de otros movimientos. Entre estas técnicas, y solo a titulo de ejemplo, pueden citarse: de rastreo, para encuadrarse, para alinearse, de autoprotección, de recogida de objetos, para sentarse, para pasar por puertas etc.

La mayor parte de estas técnicas son innecesarias cuando se trata de formar al niño ciego. Este las aprende de manera espontánea o quedan incluidas dentro de otras materias educativas: psicomotricidad, juegos, deportes, etc. Por tanto, el cuidador no tiene necesidad de conocerlas, y, siempre que lo necesite, en casos puntuales, deberá acudir al especialista.

2 - Del medio donde se produzcan los desplazamientos:

No será lo mismo desplazarse por la clase que por otras dependencias del colegio, o por el recreo, el barrio, etc.

Como se hace con cualquier niño, hay que suministrarle contextos y situaciones de descubrimiento para que ejercite su curiosidad por si mismo y aprenda a explorar el ambiente, tanto él solo como con ayuda de compañeros de su misma edad.

La deambulación independiente debe favorecerse, procurando aprovechar los restos de visión que puedan quedarle para facilitarle su orientación espacial. Pero para que el niño tenga interés en moverse es preciso que le llame la atención el entorno que le rodea por lo que este debe hacérsele atractivo. Al mismo tiempo tiene que tener confianza y seguridad en si mismo. Para ello es necesario que los muebles y los objetos de su aula tengan una ordenación física fija, de modo que pueda orientarse. El niño tiene que saber dónde está cada cosa y dónde volver a dejarla para poderla encontrar de nuevo sin la ayuda de la visión.

El Cuidador deberá ayudar al niño ciego a desglosarle los espacios nuevos y presentárselos con entrenamiento suficiente para que pueda vencerlos sin dificultad.

3 - De la aplicación de diferentes estrategias de orientación:

La orientación se fundamenta en la fijación de puntos de referencia. Para el vidente, la fijación se realiza mediante el sentido de la vista principalmente; el invidente se vale de otras sensaciones, muchas veces complejas, que le proporcionan los restantes sentidos: sensaciones sonoras, táctiles, de temperatura, olfativas, cinestésicas..., las cuales deben ser reforzadas con una educación adecuada y un entrenamiento convenientemente programado.

El alumno ciego sabrá, por ejemplo, valiéndose del sentido del olfato, si se encuentra cerca de la cocina, de la clínica, etc.; las texturas del terreno que pisa con sus pies le permitirán conocer si se encuentra en el patio, en el pasillo, en la clase, etc.; el eco, percibido por el oído, le dice si la habitación en la que se encuentra está cerrada o abierta.

Si en los ejemplos anotados se ha resaltado una sensación determinada has sido solamente por considerarla la más importante y no por reducir el proceso orientativo a un solo aspecto, ya que éste, la mayor parte de las veces presenta una extraordinaria complejidad que no podemos analizar en este momento.

En la orientación y, más especialmente, en la movilidad, juega un importante papel el sentido de los obstáculos. Si el invidente camina por el patio del colegio, el sentido de los obstáculos le permite darse cuenta de la existencia de una pared, que tal vez toque para cerciorarse, y le será fácil darse cuenta del lugar donde se encuentra.

La existencia de un sentido para la percepción de obstáculos en la oscuridad está fuera de toda duda, y esta facultad es poseída prácticamente por la totalidad de las personas, aunque sea en el ciego de nacimiento en el que adquiera mayor desarrollo. Esta capacidad de ecolocalización en la oscuridad se produce al reflejarse el sonido en los objetos, advirtiendo de la presencia de los mismos, sobre todo los frontales. El sentido de los obstáculos radica en el oído y es educable. El Cuidador, aunque sea de manera informal y dirigido por los técnicos de apoyo, tiene una función importante que realizar en este campo de la orientación y su colaboración resulta completamente necesaria.


16. LA ORIENTACIÓN DEL NIÑO EN LA BÚSQUEDA DE ESTRATEGIAS QUE FAVOREZCAN SU MAYOR INDEPENDENCIA

En sentido amplio se entiende por orientación la ayuda sistemática ofrecida a una persona para que llegue a un mejor conocimiento de sus características y potencialidades, a la aceptación de su propia realidad y al logro de la capacidad de autodirigirse. Todo ello enfocado al desarrollo integral de su personalidad y a una contribución eficaz a la sociedad en que vive.

Debemos de tener en cuenta que cada niño con deficiencias es único; aunque existan clasificaciones y conjunto de características que ayudan en el estudio y comprensión de dichos niños, es incuestionable que cada uno de ellos es singular e irrepetible, y como tal hay que entenderlo y orientarlo.

Esta orientación es una tarea diaria, y hay que entenderla como un proceso de ayuda que se realiza en una situación de interacción personal. Cuando el Cuidador u otros educadores están tratando al niño con paciencia, le sirven de modelo en su manera de actuar, hablar, andar, etc., le corrigen de una manera positiva (mostrándole al reprenderle cuál es la conducta deseada: "Así es como debes jugar...", y le expresan sincero afecto, están poniendo las bases de su seguridad e independencia.

También resultarán fundamentales en este proceso orientador al que nos estamos refiriendo, el ayudar al niño a conocerse e integrar su personalidad hasta la medida que esto sea posible, favoreciendo la mejor utilización de las capacidades y recursos propios para conseguir la autonomía personal.


17. BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

Temas Generales

1- BAKER, B.L. y otros: "Como enseñar a mi hijo". Pablo del Rio, 1980
2- BECERRO, L. y PEREZ, M.C.: "Educación del niño sordo en integración escolar". Cuadernos de la UNED, 1987
3- BENDER, M. y VALLETUTTI, P.J.: "Programas para la enseñanza del deficiente mental. Comportamiento general y hábitos de autocuidado". Fontanella, 1981
4- "Diccionario Enciclopédico de Educación Especial". 4 volúmenes. Santillana 1985.
5- "El niño ciego: Desarrollo psicológico". CNREE. MEC
6- GALINDO, E. y otros: "Modificación de conducta en la educación especial. Diagnostico y Programas". Trillas, 1980
7- GARCÍA, J.A.: Educación e integración escolar del niño con deficiencias motóricas". Cuadernos de la UNED, 1987.
8- GARCÍA, J.A.: "Psicodidáctica y organización del aprendizaje para deficientes en régimen de integración". Cuadernos del UNED, 1987.
9- GISBERT, J. y otros: "Educación Especial". Cincel, 1980.
10- "Guia de la Integración". MEC, 1986.
11- HEGARTY, S. y otros: "Aprender juntos. La integración escolar". Morata, 1988.
12- HERRANZ, R. y RODRÍGUEZ DE LA RUBIA, E.: "Los deficientes visuales y su educación en aulas de integración". Cuadernos del UNED, 1987.
13- JEFREE, D.M.:"Vamos a jugar". SEREM, 1979.
14- JONES, M.M.: "Cómo educar al niño de 2 a 5 años". Fontanella, 1975.
15- KIRK, S.A. y otros: "Educación familiar del subnormal". Fontanella, 1975.
16- KOZLOFF, M.A.: "El aprendizaje y la conducta en la infancia. Problemas y tratamiento". Fontanella, 1980.
17- MARCHESI, A: "El desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños sordos". Alianza, 1987.
18- "Orientaciones para la educación del niño con deficiencia auditiva". CNREE, MEC, 1987.
19- ROUTLEDGE, L.: "El niño con deficiencias físicas. Orientaciones para su tratamiento". Médica y Técnica, 1980

 


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Fonte: Psicologo Escolar
Curso de Cuidadores DE EDUCACIÓN ESPECIAL
(excerto)
 

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27.Out.2012
publicado por MJA