
Rafael Pallero González,
Javier Checa Benito y
Pura Díaz Veiga

Blind - Alvar Cawen,1926
-
Lecturas recomendadas
1.
Introducción
Los siglos XIX y XX trajeron, entre otras muchas cosas, importantes cambios
para las personas con ceguera. Grandes avances médicos y farmacológicos que han
posibilitado, en los llamados países desarrollados, un freno al avance de las
enfermedades físicas y sociales que, antaño, llevaban irremediablemente a la
ceguera; técnicas quirúrgicas que reducen las secuelas de los accidentes, las
patologías o los procesos degenerativos y que alargan la vida útil de los
órganos de la vista de las personas mayores y programas de prevención y
desarrollos legislativos y normativos de protección. Pero también una concepción
diferente en su consideración, desarrollándose políticas, inicialmente
asistenciales y posteriormente igualitarias. Se realizaron importantes avances
en los aspectos educativos, con un gran punto de inflexión en la creación de
diversos sistemas de lecto-escritura y también en aquellas cuestiones que iban
enfocadas a potenciar su independencia a través de la formación específica, el
uso de perros guías y de bastones de movilidad y, ya avanzado el siglo XX, el
perfeccionamiento de las técnicas de movilidad con bastón largo. A la vez que el
desarrollo social facilitaba la mejora de la calidad de vida de las personas con
déficit visuales, también aparecieron situaciones nuevas que precisaban de la
experiencia sensorial visual para poderse llevar a cabo. Parte de los efectos
limitadores de las deficiencias visuales moderadas y severas, aparecen con la
progresiva generalización de la alfabetización, la proliferación de la cultura
audiovisual y los medios privados de transportes, la industrialización y la
extensión de la vida social más allá de las horas de luz natural.
Ciegos, invidentes, personas con ceguera, minusválidos, discapacitados,
personas con limitaciones o restricciones para el desarrollo de actividades o
para la participación... modos diferentes para referirse a aquellos seres
humanos que tienen un defecto, una enfermedad o un déficit. Los lingüistas nos
hablarían de cómo, según qué cuestiones, llevan consigo que las palabras que
usamos para designarlas, vean pervertido el significante usado, cargándolo de
connotaciones peyorativas que se desprenden de actitudes y creencias
profundamente arraigadas en la sociedad haciendo que deban ser sustituidos
periódicamente, por otros inicialmente neutros para referirse al mismo
significado. Quisiéramos creer que en la opción por la que nos hemos decantado,
personas con ceguera o con deficiencia visual, y personas con discapacidad
(según la acepción que le da actualmente la OMS y que englobaría déficit,
limitaciones y restricciones) o personas con limitaciones o restricciones
para... antes que ese reflejo actitudinal, no haya sino una reflexión basada en
el respeto y en un modo de entender nuestra intervención como profesionales de
la psicología en una organización que presta sus servicios a un colectivo
específico: cada persona que atendemos es un ser único y diferente, que se
engloba en una población determinada por el denominador común de su déficit de
visión y sin que, por ello, pierda su entidad como persona. Persona que además
tiene un déficit visual que le originará una serie de limitaciones cuyo alcance
dependerá más de la persona y sus circunstancias que no del déficit en sí.
2. Ceguera legal. Una
concepción basada en el déficit
Las deficiencias son problemas en las funciones o estructuras corporales,
tales como una desviación significativa o una pérdida, entendiendo por funciones
corporales las funciones fisiológicas de los sistemas corporales (incluyendo
funciones psicológicas) y por estructuras corporales las partes anatómicas del
cuerpo tales como los órganos, las extremidades y sus componentes. (OMS, 2001),
La nueva clasificación internacional del funcionamiento, de la discapacidad y
de la salud (CIF en adelante) elaborada por la Organización Mundial de la Salud,
sustituta de la Clasificación Internacional de la Deficiencia, la Discapacidad y
la Minusvalía (CIDDM), nos indica que las deficiencias representan una
desviación de la 'norma' generalmente aceptada con relación al estado biomédico
del cuerpo y sus funciones y que deben ser parte o una expresión de un estado de
salud, pero no indican necesariamente que esté presente una enfermedad o que el
individuo deba ser considerado como un enfermo.
El concepto de ceguera legal es un término que, para los profesionales que
trabajan con personas afectadas por deficiencias visuales, abarca un amplio
espectro de restos y funcionalidades visuales. En España (Orden Ministerial de
mayo de 1979) se considera ciegas a aquellas personas que tengan una agudeza
visual de lejos menor a 20/200 con la mejor corrección óptica y en el mejor de
los ojos. Criterio seguido en otros países como Estados Unidos o Canadá. La OMS
en la clasificación internacional de enfermedades (ClE-10) no usa el concepto de
ceguera legal y define la ceguera como una agudeza visual igual o inferior a
3/60 y la baja visión como una agudeza visual igual o inferior a. 6/18, también
con la mejor corrección posible y en el mejor de los ojos.
La Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE, 2001), considera que para
poder afiliarse a su organización, los requisitos visuales solicitados son que,
con pronostico fehaciente de no mejoría visual se cumplan, una de las siguientes
condiciones:
a) Agudeza visual igual o inferior a 0, 1 (1/10 de la escala de Wecker)
obtenida con la mejor corrección posible.
b) Campo visual disminuido a 10 grados o menos.
No todas las organizaciones o instituciones prestadoras de servicios se ciñen
a esos valores, algunas incluyen restos visuales. que alcanzan el 0, 2 e incluso
como usuarios de sus programas de intervención incluyen restos de hasta 0, 3
(límite superior indicado por la OMS). Estos datos que, inicialmente, no son más
que informativos, deben tenerse en cuenta cuando se comparan investigaciones
sobre cuestiones psicosóciales, de las que en este manual se
citarán muchas, ya que la variabilidad de funcionalidades hace que las
comparaciones deban hacerse con mucha prudencia.
Dentro del amplio concepto de ceguera debe distinguirse una subdivisión
basada en las funcionalidades. Optaremos por utilizar las definiciones dadas en
el Glosario de discapacidad visual (Cebrián, 2003).
— Ceguera legal: Denominación que a efectos legales recibe la agudeza visual
central de 20/200 o menor en el ojo que mejor ye después de su corrección; o
agudeza visual mayor de 20/200 si existe un defecto de campo consistente en que
el diámetro mayor del campo visual está reducido a 10° o menos.
— Ceguera total: Ausencia total de percepción de luz.
— Ceguera parcial: Implica existencia de un resto visual que permite la
orientación a la luz y percepción de masas, por lo que facilita el
desplazamiento pero no es útil para realizar actividades escolares o
profesionales.
— Baja visión: Grado de visión parcial que permite su utilización como canal
primario para aprender y lograr información.
— Deficiencia visual: Deficiencia que afecta al órgano de la visión. Este
concepto definido de modo similar al indicado al principio de este apartado, es
el que utilizaremos como genérico para todos los casos. Para los descriptores de
la población usaremos la diferenciación que usa la ONCE: ceguera y deficiencia
visual. En otras ocasiones y para desarrollar algunas investigaciones y
diferenciar el efecto psicológico, de las diversas funcionalidades visuales,
utilizaremos los términos personas con ceguera total, con ceguera parcial, con
baja visión y con visión límite. Diferenciando la baja visión de la visión
límite en la necesidad de utilizar o no ayudas ópticas específicas para su uso
como canal primario.
Para describir la población afectada tomaremos como referencia los datos de
afiliación a la ONCE durante el año 2002, ya, que están referidos a personas con
ceguera legal. Los datos de Instituto Nacional de Estadística, incluyen a
personas cuyo resto visual llega hasta el 0, 3 de la escala citada. El registro
de afiliación de la ONCE indica que el año que se toma como referencia, se
contabilizaban 63. 411 personas, 31. 892 hombres y 31. 519 mujeres.
El triple de personas con resto visual que el de personas con ceguera total. El
reparto por edades indica, que hay 4. 253 menores de 16 años, 34. 372 personas en edad laboral y 24. 786 mayores de
65 años. La afiliación a la ONCE sigue una línea ascendente tal y
como refleja el aumento de 11. 671 en el total de afiliados. Esta cifra no
refleja las afiliaciones nuevas, ya que las cifras de afiliación se modifican
con las bajas por fallecimiento.
3. Repercusiones
funcionales de la deficiencia visual. Limitaciones y restricciones
Las deficiencias podrán originar limitaciones en la realización de actividades
(este término sustituiría al de discapacidad usado en la CIDDM) entendiendo
por tales las dificultades que un individuo puede tener para realizar
actividades (...) en comparación con la manera, extensión o intensidad en que se espera
que la realizaría una persona sin esa deficiencia (CIF) y restricciones en la
participación (al igual que en el caso anterior sustituiría al término
minusvalía)que serían los problemas que puede experimentar un individuo para implicarse
en situaciones vitales (... ) y que viene determinada por la comparación (... )
con la participación esperable de una persona sin deficiencia en esa cultura o sociedad.
El alcance de esas limitaciones y de esas restricciones vendrá determinado por un conjunto de elementos, que ampliaremos en los siguientes capítulos, que
irán más allá de los problemas en las estructuras o en las funciones visuales.
Los factores personales, familiares, sociales y contextuales darán dimensión a esos efectos. Se diferenciará el efecto limitador distinguiéndolo primero en las
particularidades de los tres grupos de edad que guiarán el desarrollo de este manual y después, siguiendo el esquema propuesto por los autores de la CIF
se citarán las genéricas.
3.1. Desde la perspectiva del ciclo vital
La infancia
Las características y grado de las limitaciones y restricciones en la infancia,
van a depender de muy diversos factores (Tabla 1.1), especialmente, del
momento de inicio de la deficiencia visual, el grado de visión actual, y de los
recursos personales, familiares y sociales disponibles (Rosa Rivero y Ochaita,
1993; Checa, Marcos, Martín, Núñez y Vallés, 1999).
La variabilidad en estos factores, conlleva una gran heterogeneidad dentro de
la población de niños y jóvenes con deficiencia visual, de manera que no puede
hablarse de unas repercusiones en las limitaciones y restricciones comunes a
todos ellos. No obstante, con un ánimo descriptivo se comentarán algunos
aspectos sobre el particular, teniendo en cuenta la edad, y prestando mayor
atención a la etapa educativa.
Tabla 1.1. Factores diferenciales de la deficiencia visual en la infancia,
con relación a las limitaciones y restricciones
Físicos
|
-
Grado de visión actual: ceguera total, c. parcial, baja v. o v.
límite.
-
Estabilidad de la visión actual: estable, progresiva.
-
Posibilidades de tratamiento: naturaleza, disponibilidad y coste.
-
Heredabilidad.
-
Presencia de dolor.
-
Repercusión en la apariencia física.
-
Nivel general de salud.
|
Psicológicos (personales y familiares)
|
• Momento evolutivo de inicio de la d. v.:
-
nacimiento,
-
con posterioridad a los dos años de edad...
-
Tiempo transcurrido desde la pérdida de visión.
-
Aptitudes intelectuales y capacidad de nuevos aprendizajes.
• Personalidad:
-
modelos de que disponga
-
actitudes
-
motivaciones
-
autocontrol
-
habilidades sociales...
• Recursos sociales:
-
nivel socioeconómico
-
apoyo social y educativo
-
servicios comunitarios de rehabilitación...
• Recursos familiares:
-
actitudes y expectativas sobre la personas con baja visión o ceguera
-
tipo de interacción en la familia
-
proyectos de futuro/plan preexistente de la familia para el futuro previo a la
d. v.
|
Educación Infantil.
En estas edades se advierten grandes diferencias en el
desarrollo evolutivo entre los niños, según el grado de visión y el momento de
inicio de la pérdida. Considerando ese amplio abanico, en sentido general,
podemos citar algunas limitaciones más evidentes en los casos de menor
visión, en los que con frecuencia observamos (Equipo EICS, 1983; Ochaíta,
1993; Amante y García, 2000).
— En motricidad gruesa, son niños que habitualmente no gatean, presentan
cierta hipotonía y se retrasa el inicio de los primeros pasos, todo ello
consecuencia de la falta de información del espacio que le rodea y, por
consiguiente, la falta de curiosidad por el mismo y la autoprotección. También
es frecuente una postura incorrecta sobretodo de la cabeza, inclinada
ligeramente hacia adelante. Y por último, la aparición de estereotipias, que
pueden estar originadas tanto por la falta de estimulación, como por situaciones
generadoras de ansiedad.
— En motricidad fina, a veces se presenta rechazo a tocar ciertas texturas
como por ejemplo peluches, texturas viscosas, etc. Y un retraso en la
coordinación, ya que desde las primeras adquisiciones se basan en la
coordinación audio-motriz, no óculo-motriz.
— En los aspectos cognitivos, se retrasa la adquisición de la permanencia del
objeto; hay cierta dificultad para generalizar y para las conductas
representativas (por ejemplo gestos corporales), y otras como el juego
simbólico y el dibujo.
— En lenguaje puede haber cierto retraso en contenidos (léxico y semántico),
siendo lo más característico la presencia de verbalismos (hablar de cosas de
las que no se ha tenido experiencia directa). Suele haber una deficiente
expresividad, tanto en los gestos, como en el tono de voz.
— En sociabilidad y autonomía, suelen ser niños con poca iniciativa, que se
justifica por las dificultades en la imitación, de manera que hay que motivarles
y
enseñarles.
Educación Primaria y Secundaria.
Hay que seguir insistiendo en lo erróneo de
generalizar, para permitirnos enumerar algunas limitaciones impuestas por la
deficiencia visual. Hecha esa aclaración, podemos decir que con frecuencia se
observa (Rosa Rivero y Ochaíta, 1993; Esteban, 2000; Sedeño, 2000):
— En su motricidad, cierta inestabilidad postural, inhibición del movimiento
espontáneo, lentitud y frecuentes dificultades en la lateralidad. La movilidad
general suele estar más restringida e implicar una disminución de la actividad
física, en comparación con los niños de su misma edad.
— Académicamente, con frecuencia hay un significativo retraso escolar,
mayor lentitud en la realización de tareas, pobreza de vocabulario y
dificultades
en lectura y escritura. La cantidad y complejidad de los aprendizajes cuando no
se dispone de un sentido como la vista, justifica una frecuente falta de
motivación hacia los aprendizajes.
— En su conducta social y afectiva, son frecuentes los déficit en habilidades
sociales y el retraimiento en las relacionales con los compañeros, dependencia
mayor de la esperada por su edad cronológica y pasividad. Es frecuente una
baja autoestima, justificada por las escasas ocasiones de éxito académico con
relación al resto de sus compañeros que ven.
— En las familias y ocasionalmente en los centros, comportamientos de
hiperprotección, fruto de la desinformación o de creencias erróneas sobre la
deficiencia visual o las personas con deficiencia visual.
En relación al aprendizaje, si particularizamos en el caso de alumnos con
ceguera, las características diferenciales más significativas, suelen ser:
— Dificultades de aprendizaje por imitación: imposibilidad de aprendizaje por
imitación visual.
— Canales de información auditivos y táctiles, por lo que la percepción de la
realidad es analítica: dificultad para recibir información completa del medio.
— La lentitud en el proceso de adquisición de los aprendizajes se debe, tanto
al tipo de materiales que tiene que utilizar, como a la forma de análisis para
llegar al conocimiento de las cosas. No se trata de un proceso deficiente sino
diferente de asimilación de la información.
Cuando el alumno presenta baja visión, sus aprendizajes se verán influidos
por:
— Dificultades en la «percepción visual» (habilidad para comprender y
procesar toda la información recibida a través de la vista) tales como falta de
organización espacial, memoria visual inestable o falta de relaciones
espaciales, que se manifiestan en dificultades para percibir correctamente
objetos de tamaños muy grandes o muy pequeños, representaciones de figuras
tridimensionales, objetos que están en movimiento, objetos de poco contraste
con el fondo, objetos pocos iluminados o pequeños detalles de los objetos.
— Adopción de posturas corporales características ya que pueden pegar la
cara ante el papel, adelantar la cabeza, adelantar el cuerpo, adelantar el
objeto
hacia la cara.
En resumen, podemos decir que la deficiencia visual va a imponer limitaciones
en distinto grado según las características de cada caso particular (Welsh y
Blasch, 1980; Loumiet y Levack, 1991; Sacks, 1992; Martínez, Ferrandis y
Garreta, 1995; Miñana y Vallés, 1998; Calvo Novell, 1998).
Las personas adultas
El proceso de incorporación al mundo social y laboral actual está lleno de
posibilidades: formas nuevas de ocupación y entretenimiento, que se
caracterizan, a grandes rasgos, por una cada vez más creciente exigencia de
uso de aparatos y materiales que se mejoran y cambian con relativa frecuencia.
Las empresas se van desplazando hacia el exterior de los núcleos urbanos y,
en ocasiones, fuera de los circuitos habituales de los transportes públicos.
Otra
tendencia que se va implantando en las políticas de empleo actuales viene
recogida en el término empleabilidad. La capacidad de una persona de poder
desempeñar diversos puestos de trabajo diferentes o diversas funciones dentro
de su puesto concreto. Al igual que el trabajo, el mundo social puede requerir
la
participación en actividades que requieran de funcionalidad visual (deportes,
juegos, viajes, espectáculos... )Todo ello queda limitado en cierta medida y
para evitar el no poder participar en ello se requerirán entrenamientos
específicos y la ayuda técnica y profesional de los servicios especializados en
déficit visual.
Las personas mayores
Las personas mayores sufren más pérdida de visión respecto a otros grupo de
edad y algunos datos muestran que es una causa relevante de discapacidad
tras la osteoartrosis y la enfermedad cardiaca (Castellote, 2001). Este patrón
de resultados se ha constatado también en residencias de personas mayores
norteamericanas (Horowitz, 1994). Según datos recientes, respecto a población
española, la deficiencia visual es la segunda causa de discapacidad entre las
personas mayores españolas (8, 8% de los mayores) después de las
enfermedades osteoarticulares (11. 8%) (IMSERSO, 2003).
Un reciente trabajo desarrollado en el marco de la Clasificación Internacional
de Funcionamiento, Discapacidad y Salud ayuda a precisar algunas de las
características diferenciales de las personas mayores deficientes visuales,
respecto a mayores que no presentan esta deficiencia. Así, en primer lugar, las
personas mayores deficientes visuales informan tener limitaciones para
caminar, acostarse y levantarse de la cama o para levantarse o sentarse. En
este mismo sentido, los encuestados deficientes visuales informaron de la
presencia de estas dificultades dos veces más respecto a personas mayores
de los mismos tramos de edad, pero sin deficiencia visual. Las limitaciones
relativas a salir fuera o acudir a lugares públicos, preparar comidas, hacer
compras, manejar dinero y medicación fueron informadas tres veces más por
mayores deficientes visuales que por mayores sin deficiencia visual (Crews y
Campbell, 2001).
Por otro lado, las consecuencias que estas limitaciones tienen en la salud de
las personas mayores han sido objeto de algunos trabajos. Algunos datos
disponibles de población americana muestran que en cohorte de personas
mayores (entre 70 y 74 años) es más probable que se vean afectadas de
artritis, reumatismo, hipertensión o trastornos cardiovasculares las que tienen
deficiencia visual que aquellas que no la tienen (National Center for Health
Statistics, 1998). Además, aunque las tasas de accidentes cerebrovasculares
se incrementan con la edad, son significativamente más elevadas entre los
mayores con dificultades visuales. Igualmente, las caídas y fracturas óseas
secundarias a las mismas son más frecuentes entre los mayores afectados de
deficiencia visual. Aunque el tratamiento transaccional de estos datos no
permite establecer una relación causal entre dificultades visuales y problemas
de salud, pone de manifiesto que los porcentajes de mayores deficientes
visuales que presentaban los problemas de salud analizados son mayores
respecto al sector de población mayor sin esta deficiencia. En este mismo
sentido, algunos trabajos señalan que las personas mayores con deficiencia
visual valoran peor su salud que los mayores sin dificultades de visión,
participan con menos probabilidad en programas de ejercicio físico y son cada
vez menos activos cuando informan acerca de su nivel de actividad respecto al
desarrollado el año anterior (Crews y Campbell, 2001).
Aunque, considerando lo expuesto, las personas mayores presentan un grado
mayor de comorbidad y de condiciones secundarias a la deficiencia visual, así
como ciertas limitaciones, su participación social muestra un patrón muy similar
al de mayores sin deficiencia visual. Así, distintos trabajos señalan que las
relaciones con amigos y familiares no presentan grandes diferencias en ambos
grupos. Sin embargo, la participación en actividades comunitarias, tales como ir
a misa, acudir a espectáculos culturales o recreativos (Crews y Campbell,
2001) es menor entre los mayores deficientes visuales que entre los que no lo
son. Aunque estas diferencias en participación precisan de análisis posteriores,
pueden sugerir que las personas mayores son capaces de emplear estrategias
que les permitan participar en actividades que ellos estiman valiosas (Crews,
2000).
Las limitaciones y restricciones indicadas se recogen en la tabla 1.2.
Tabla 1.2. Limitaciones y restricciones en las personas mayores con
deficiencia visual
Limitaciones de personas mayores con
deficiencia visual
|
Restricciones en la participación de personas mayores con deficiencia visual
|
Caminar Acostarse y levantarse de la cama
Levantarse o sentarse de la silla Salir fuera de casa Ir a lugares públicos Preparar comidas Hacer compras Manejar dinero Manejar medicación
|
Ir a misa Ir a espectáculos Comer en restaurantes
|
Los datos hasta aquí expuestos ponen de manifiesto que los mayores
deficientes visuales presentan necesidades específicas desde una perspectiva
rehabilitadora. Así por ejemplo, los efectos combinados de la deficiencia visual
con enfermedades como la hipertensión o la osteoporosis debe ser
considerados en el diseño y ejecución de los programas de autonomía personal
dirigidos a las personas mayores. En este mismo sentido, los programas de
rehabilitación dirigidos a mayores deben incluir una perspectiva
interdisciplinar,
considerando los efectos de las habilidades entrenadas en el mantenimiento de
hábitos de salud y prevención de la dependencia. Así por ejemplo, las
habilidades para la preparación de comidas pueden prevenir situaciones de
desnutrición o sobrepeso. Asimismo, aprender a identificar y organizar la
administración de medicamentos compensando los efectos de la deficiencia
visual es un objetivo de especial relevancia en una población que muy frecuentemente consume más de un fármaco. La implantación de
modificaciones ambientales que consideren las múltiples necesidades de los
mayores deficientes visuales (rampas, iluminación adecuada en lugares de
paso, por ej. ) pueden, asimismo, contribuir a la compensación de las
limitaciones y restricciones identificadas, especialmente en centros
residenciales de mayores (Horowitz, 1994).
En definitiva, la Clasificación Internacional de Funcionamiento y Discapacidad,
ofrece un marco especialmente adecuado para analizar las implicaciones de la
deficiencia visual en el bienestar y autonomía de las personas mayores
deficientes visuales. La perspectiva biopsicosocial que caracteriza este modelo
es especialmente útil para comprender y analizar las particularidades de
personas de edad avanzada con deficiencia visual.
3.2. Desde la perspectiva de las áreas vitales
Siguiendo el esquema propuesto por la CIF se desarrollarán a continuación
aquellas actividades (realización de una tarea o acción por una persona) o
participaciones (actos de involucrarse en una situación vital), sin ninguna
pretensión de desarrollo o de concreción de lo establecido por la OMS, tan solo
para situarlas características de un déficit que va a tener un efecto de tanto
impacto en la vida de una persona. Se indicarán aquellas actividades que
quedarían limitadas y, si es el caso, de qué manera con el uso de otros
sentidos, el aprendizaje de habilidades y técnicas adaptativas o el uso de
materiales específicos, puede reducirse la limitación. Las limitaciones, como se
verá en los posteriores capítulos, estarán matizadas por la reacción de la
persona ante ellas. En el listado siguiente el grado de visión modulará la
intensidad de la limitación.
Aprendizaje y aplicación del conocimiento
Experiencias sensoriales intencionadas
Mirar.
El conocimiento global de los objetos que proporciona la información
visual es sustituido por la información auditiva o táctil, de carácter
analítico,
más lento y parcial. Se daría una disminución en el rango y variedad de
conceptos percibidos (Lowenfeld, 1959). Se tendrían percepciones auditivas y
táctiles y experiencias cinestésicas o percepciones visuales disminuidas en su
calidad y precisión. Las percepciones táctiles que, obviamente, implican el
contacto directo con el objeto no son siempre posibles: algunos objetos son
demasiados grandes para abarcarlos con el tacto u otros serían demasiado
frágiles o pequeños para poderlos percibir. Determinadas características de los
objetos (el color o el brillo) sólo serían cognocibles a través de ideas
substitutivas basadas en asociaciones sensoriales diferentes a las visuales, o
en asociaciones verbales o emocionales. Otros autores (Peraita, 1992; Gil
Ciria, 1993; Lucerga, Sanz, Rodríguez-Porrero, y Escudero, 1992; Rosel, 1979;
Equipo EICS, 1983; Rosa Rivero, 1986; Warren, 1984 y en especial Fraiberg,
1981 y Leonhardt, 1992) han destacado las dificultades que en estas
actividades pueden surgir y su influencia en el desarrollo cognitivo y de la
personalidad.
Aprendizaje básico y la aplicación del conocimiento
Quedarán limitadas aquellas tareas que requieran actividades de copia, la
limitación en el aprendizaje y la aplicación de la lectura y de la escritura. Se
verá modificada la velocidad en los aprendizajes ya que el uso de medios
auxiliares o códigos diferentes (ampliaciones o braille) muestran una eficacia
diferente y no tienen el atractivo de lo visual. En la edad adulta y en la
vejez, si
bien no se trataría de aprendizajes básicos, al disponer ya del proceso
lecto/escritor, se tendrán que llevar a cabo reaprendizajes de la lectura y de
la
escritura incorporando el nuevo código (el braille) o el uso de aparatos
específicos (grabadoras, anotadores electrónicos... ), especialmente en la vejez
esos aprendizajes van a verse limitados por otras características propias de la
edad. En personas adultas puede darse el caso de que no exista código previo
de lectura/escritura y que la deficiencia genere la necesidad de ese aprendizaje
para poder acceder a un trabajo diferente al que se desempeñaba hasta ese
momento, o a una formación más completa que facilite la integración laboral,
ese proceso de aprendizaje quedará, también limitado.
Adquisición de habilidades.
La adquisición de habilidades que se llevan a cabo
por imitación o aquellas que requieren de una mayor intencionalidad se ven
limitadas por la dificultad que conlleva su realización por otras vías. Desde el
enseñar a vestirse al niño, en especial el abrochado de botones y lazos hasta
el uso de los cubiertos, va a verse limitado y requerirá de un esfuerzo añadido
por parte de padres y profesores. Las personas adultas y mayores, cuando
tengan que aprender nuevas habilidades (no aprender habilidades adaptativas
para seguir haciendo lo que hacían, que se recoge en otro apartado) estarán
en similar situación.
Tareas y demandas generales
Llevar a cabo tareas que impliquen la organización del espacio y la ejecución
simultánea de tareas. El acceso a los objetos del entorno queda limitado,
necesitando orden y método para las tares cotidianas
Llevar a cabo múltiples tareas. El proceso analítico de las situaciones y la
limitación espacial que representa el acceso táctil (una persona con ceguera
total no podrá atender, mientras realiza una tarea, a otra que esté fuera del
alcance de sus manos y que requeriría de un control ocasional para atender,
cuando sea necesario a su resolución) hará que la cantidad de tareas que se
puedan resolver esté limitada.
Manejo del estrés y otras demandas psicológicas.
La deficiencia visual (en
cualquiera de sus grados de afectación) actúa como un factor de estrés
añadido, ya que actividades, como el desplazamiento autónomo, se deben
llevar a cabo utilizando sistemas sensoriales no tan eficaces como el visual,
con el consiguiente esfuerzo añadido que hay que activar.
Comunicación
Comunicación-recepción
De mensajes no verbales, de señales y símbolos y de dibujos y fotografías. En
especial, la ceguera total, va a limitar y mucho, el acceso a la recepción de
gestos propios de la relación interpersonal, así como a todos aquellos
elementos comunicativos de base visual que estén alejados del alcance de las
manos. Los que puedan ser tocados, bien por ser tridimensionales o estar
adaptados se podrán comprender, aunque de una modo parcial y, en la
mayoría de las ocasiones, requerirán de la apoyatura de explicaciones
verbales.
Comunicación-producción
De mensajes no verbales, producción de señales y símbolos y producción de
dibujos y fotografías. La expresión gestual no verbal, requiere de un
aprendizaje imitativo, para realizar el gesto que se asocia a la expresión
verbal
o a lo que se quiere transmitir solamente con gestos. Algunos gestos de las
extremidades superiores que se utilizan para expresar alegría en los niños con
ceguera total, pueden no ser comprendidos como tales expresiones por los
demás, lo que requerirá de un entrenamiento específico que facilite la
socialización de ese lenguaje gestual. La producción de esta limitación en los
componentes no verbales de las habilidades sociales ha sido documentada por
Van Hasselt (1985) y Verdugo y Caballo (1993) Los símbolos y dibujos ven
limitada su producción en cuanto a su riqueza estética y a su cantidad, incluso
en la profundidad del mensaje.
Conversación y utilización de aparatos y técnicas de comunicación
Iniciar, mantener y finalizar una conversación. La conversación con una sola
persona se verá poco limitada, salvo en lo indicado ya para el correlato verbal,
siempre y cuando ésta respete las más elementales normas de cortesía y no se
ausente sin avisar.
Mantener una conversación o una discusión con varias personas. A mayor
número de personas mayor limitación en la identificación de los momentos en
los que se puede intervenir, cuando se dirigen a uno o los giros que puede
tomar la conversación, al no poder reconocer gestos o miradas.
Utilización de dispositivos y técnicas de comunicación. El uso de aparatos
específicos para la comunicación (teléfonos fijos o móviles, mensajería
electrónica y conversaciones a través de internet) verá limitado su uso o su
velocidad de trabajo. Requerirá de adaptaciones técnicas y/o de entrenamiento
específico.
Movilidad
Andar y moverse. Desplazarse por distintos lugares. (Dentro de la casa, dentro
de edificios que no son la propia vivienda, fuera del hogar y de otros
edificios).
Limitaciones en la comprensión del espacio en el que se desenvuelve, que
puede requerir de la explicación de otras personas, en la orientación y la
movilidad en interiores o exteriores, según el grado de familiaridad (conocidos
o
desconocidos). Si bien no debería afectar la pérdida de visión a la capacidad
de moverse en un entorno seguro y conocido como el propio domicilio, no es
infrecuente que personas con pérdida total de la visión, vean alterado su
deambular incluso en este ámbito. Desorientación general, temor o exceso de
protección podría ser la causa. Autores como Lowenfeld (1959) utilizando el
término restricción del desplazamiento; Tuttle (1984) hablando de implicaciones
para la marcha; Welsh y Blasch (1987) y Blasch, Wiener y Welsh (1997), han
remarcado la influencia de la deficiencia visual sobre el desplazamiento en el
entorno o la movilidad autónoma.
Desplazarse utilizando algún tipo de equipamiento. Desplazarse utilizando
medios de transporte: utilización de medios de transporte, conducción.
Desde la identificación de las paradas o el número del autobús, la adquisición
de los billetes, la vía del tren o las señales estables o variables de
identificación
de horarios, ubicación de los transportes o incidencias, hasta el lugar donde
abandonar el transporte o por dónde se desarrolla el viaje, se verán afectados
por la falta de visión.
Por supuesto la conducción no podrá llevarse a cabo en ninguna de las
condiciones visuales que afectan al colectivo descrito.
Autocuidado
Lavarse, cuidado de las partes del cuerpo, vestirse, poner, quitarse la ropa.
Pocas limitaciones aparecen en estas cuestiones. Los propios ensayos para
aplicar estrategias conocidas o sencillos aprendizajes van a reducir las
dificultades para resolver estas tareas. Cuestiones tan concretas como el
cuidado de las uñas o el uso de pinzas, sí que van a verse afectadas e incluso
imposibilitadas.
Elegir la ropa adecuada. La ausencia total de visión limita tanto la compra de
ropa (requerirá la ayuda de una tercera persona, que bien puede ser empleada
de las tiendas de ropa) como la acomodación a las tendencias de vestir propias
del entorno. La elección cotidiana de la propia ropa no se ve tan afectada,
siempre y cuando exista un orden y se sigan unas pautas determinadas.
Comer. La comida, el uso de los utensilios, la identificación de la posición de
los alimentos en el plato, la ubicación de vasos y botellas... si se hacen
siguiendo las normas sociales al uso, estarán limitadas. El entrenamiento
permitirá reducir la limitación. Se mantendrá una cierta lentitud y una gran
dificultad para identificar espinas del pescado.
Cuidado de la propia salud. Desde la observación de pequeñas heridas en el
cuerpo, la identificación y manejo de los medicamentos. Asimismo pueden
estar afectadas la asistencia a citas de las visitas médicas o los
desplazamientos hasta los dispensarios.
Vida doméstica
Adquisición de lo necesario para vivir. Relacionado estrechamente con los
desplazamientos (a las tiendas correspondientes) y con el uso de transporte
público y la conducción (llegar a los centros comerciales) y con la
identificación
de los productos y de los precios. La cada vez mayor presencia de centros
comerciales y la consecuente ausencia de tiendas próximas a los domicilios
potencia la limitación en esta área. La atención personalizada en las tiendas
pequeñas facilita el acceso a los productos. Por otro lado las nuevas
tecnologías pueden reducir la limitación al poderse hacer las compras por
teléfono o internet.
Tareas del hogar. Preparar comidas y realizar los quehaceres de la casa. El
encendido del fuego, la comprobación de la cocción de los alimentos, el cálculo
de las cantidades y tiempos, el manejo de detergentes, los barridos y
fregados... verán limitada su posibilidad, su eficacia o su velocidad de
ejecución.
Cuidado de los objetos del hogar y ayudar a los demás. Cuidado de los objetos
del hogar. Coser y remendar. Mantenimiento vivienda y aparatos. Cuidado de
animales y plantas.
Ayudar a los demás. Las actividades propias de una persona adulta o mayor en
cuanto a los miembros de su familia o incluso de sus amistades, implica
situaciones de ayuda: ayudar a los hijos en los estudios o en los deportes, a la
pareja en sus responsabilidades domésticas y laborales o a toda la familia
cuando la salud se resiente. La deficiencia visual puede limitarlas. Una persona
con ceguera total no podrá seguir o lo hará con mucha dificultad los deberes
escolares de sus hijos y una persona mayor con la vista afectada, tendrá que
esforzarse mucho para poder cuidar a sus nietos o a su pareja, si está delicada
de salud.
Interacciones y relaciones interpersonales
La participación en juegos, dada las dificultades en el dominio del espacio o
los
materiales así como una mayor dificultad en la comprensión de las reglas. La
participación en actividades extraescolares. La participación en situaciones
sociales por los posibles déficits en habilidades sociales (dadas las
dificultades
para la imitación, la hiperprotección familiar, el retraimiento social y la
posible
baja expectativa de autoeficacia) y la dificultad de acceso a las situaciones
sociales. Queda limitada, a su vez, la frecuencia de contactos con amigos y el
número de éstos. Dificultades en la adhesión e identificación con el grupo,
particularmente en la adolescencia, en donde el hecho diferencial dificulta su
integración: parecerse a los demás, hacer lo que los demás (cine, vehículos...
),
temas comunes de conversación (imágenes de moda, actores... ), diferentes
útiles (ayudas ópticas especiales, braille, ampliaciones, profesores
específicos... ), tener perspectivas de futuro diferentes.
Áreas principales de la vida
Educación. El acceso a los centros y a los materiales, las dificultades para
seguir las clases o para la integración. Adaptaciones de contenidos curriculares
(especialmente en educación física, dibujo... ) y metodologías y criterios de
evaluación.
Trabajo y empleo. La búsqueda del empleo, los procesos selectivos, la
adaptación al puesto concreto y el uso de herramientas de trabajo, el acceso al
lugar de trabajo, las exigencias de empleabilidad del mercado laboral actual o
las relaciones con los compañeros pueden verse también limitadas por el déficit
visual.
Vida económica. El ingreso de dinero estará estrechamente relacionado con el
punto anterior y con las posibles pensiones de incapacidad. La identificación de
las monedas y billetes, el uso de soportes bancarios (libretas de ahorro,
talones, cheques o tarjetas) se verá dificultada por la falta de visión.
Vida comunitaria, social y cívica
La participación en la gestión de asociaciones o comunidades, la incorporación
a las actividades de las mismas y toda una serie de cuestiones relacionadas
con la incorporación de las personas con ceguera o deficiencia visual en la vida
comunitaria, social y cívica quedan bajo el efecto limitador de déficit.
Una larga lista de actividades cuya amplitud se ve limitada por la presencia de
una deficiencia visual. La intensidad de esa limitación estará modulada por toda
una serie de factores que se desarrollarán en el próximo capítulo.
La deficiencia visual, en cualquiera de sus grados de afectación conlleva una
serie de repercusiones de importancia en la vida de las personas que las
padecen y en la de su entorno próximo. La principal es el impacto emocional y
el sufrimiento que acarrea, pero además hay un efecto limitador y restrictor que
dificulta la vida de la persona en cualquiera de sus ámbitos: desde el
inmediato,
el domicilio, hasta los más lejanos, la escuela, el trabajo, el municipio.
Las diversas etapas del continuo vital se verán afectadas por igual en muchas
cuestiones, pero el efecto limitador variará en cuanto las características
propias
de cada edad. En la primera infancia el déficit visual, en especial la ceguera
total, podrá llegar a afectar al desarrollo cognitivo y emocional de los niños.
En
los siguientes años, la escolarización, el aprendizaje, la relación con los
compañeros o la consecución de un grupo de amigos, podrán seguir unos
patrones diferentes a los de los demás. Ya en la edad adulta será la
incorporación al mundo laboral o el establecimiento de una familia, los que
pueden verse dificultados. Perdurar en el puesto de trabajo, seguir las
exigencias de la vida familiar o participar del ocio en una sociedad cada vez
más exigente y de cambios más rápidos, dependen, en ocasiones, de una
buena funcionalidad visual. Las personas mayores, añaden a las limitaciones
propias de la edad (movilidad reducida, resistencia física menor... ) aquellas
que origina el déficit visual.
Personas afectadas por un déficit visual y sus consecuentes efectos limitadores
y restrictores. Personas que quieren, unos empezar a vivir y otros seguir
viviendo, a pesar de sus dificultades o imposibilidad, para ver. Personas que
necesitan del apoyo de la sociedad para que esa vida tenga toda la calidad
que, como unos ciudadanos y ciudadanas más, merecen, buscando reducir en
lo posible, esas limitaciones y esas restricciones. La psicología, los
psicólogos,
como parte de los recursos que nuestra sociedad dispone, va a representar un
importante papel en ese objetivo de mejora de la calidad de la vida de las
personas con deficiencias visuales.
OMS (2001). Clasificación internacional del Funcionamiento, de la
Discapacidad y de la Salud. Madrid: IMSERSO.
La nueva publicación de la OMS sustituye a la Clasificación Internacional de
Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) de 1980. La clasificación
actual responde a una perspectiva centrada más en las capacidades de las
personas y teniendo en cuenta sus aspectos diferenciales.
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Capitulo 1
in PSICOLOGÍA Y CEGUERA
Manual para la intervención psicológica en el ajuste a la discapacidad visual
Primera edición: Madrid, 2003
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4.Ago.2016
publicado
por
MJA
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